Síguenos:






Artículo en LR: “Fe y Alegría: La vigencia de un modelo de gestión para la educación”

Nuestro Movimiento cumple 60 años. El corazón inclusivo (con una niña y dos niños dentro) está de fiesta. El año 1966 comenzó su primera semana de clases con 5 nuevos colegios, entre arenas y esteras, en los márgenes de Lima: los Fe y Alegría 1 y 2 en San Martín de Porres, el Fe y Alegría 3 en San Juan de Miraflores y los Fe y Alegría 4 y 5 en San Juan de Lurigancho. Como la realidad lo mostraba en ese entonces, “Fe y Alegría comienza donde termina el asfalto”.  Pero ahora, 60 años después, cuando el asfalto parece haber llegado a muchas partes del país, ¿sigue teniendo vigencia este modelo? Más aún, ¿en qué consiste el modelo?

Se trata de una asociación civil que gestiona instituciones educativas públicas, amparada por la ley y respaldada por sucesivos convenios entre Fe y Alegría y las diferentes instancias del Estado, especialmente del sector educación. La originalidad del modelo está en la Ley General de Educación, en el artículo 71, que reconoce tres modelos de gestión de instituciones educativas: la gestión privada de instituciones privadas (particulares), la gestión estatal de escuelas públicas (gratuitas) y la gestión privada de escuelas públicas (gratuitas).  Fe y Alegría se encuentra en este último apartado: las instituciones educativas que gestiona son públicas y se adecúan a la normativa correspondiente en los niveles y modalidades en que desarrolla su labor, tanto a nivel básico como superior, dado que Fe y Alegría también gestiona CETPROS e Institutos tecnológicos.

Por ser públicas, las instituciones educativas básicas son gratuitas. Hay que repetirlo una y otra vez: no se trata de escuelas privadas que viven de fondos privados. Son instituciones públicas, gratuitas y que, como tales, tienen el mismo derecho que las escuelas gestionadas por el Estado a tener infraestructura y equipamiento adecuados, pago de todos los servicios (luz, agua, internet, etc) y asignación oportuna y adecuada de plazas directivas, docentes y administrativas. Para garantizar una educación de calidad, con un enfoque meritocrático, el convenio entre MINEDU y Fe y Alegría reconoce al gestor el derecho a proponer las personas idóneas para dichas plazas con todos los requerimientos de ley. En 60 años, el modelo de gestión, tal como ha sido formulado en los convenios entre Fe y Alegría, el Minedu y los GOREs, cuenta con un reconocimiento social y con logros significativos, reconocidos tanto en ambientes académicos como en los entornos comunitarios en que las instituciones se encuentran. ¿No es el momento de darle a este modelo más impulso para un mayor servicio?

Para explicar el éxito del modelo, no es suficiente remitirse a la figura legal. Hay que mirar la historia y la trayectoria de las instituciones de Fe y Alegría que son referentes en sus localidades. En primer lugar, a los pobladores urbanos o comuneros rurales que les dan vida. Desde el inicio, los grandes protagonistas de esta aventura fueron los padres y madres de familia, junto con las asociaciones vecinales que se comprometieron a darle forma a los colegios, mediante faenas dominicales, construyendo un aula por año. Estas mismas personas, agrupadas en AMAPAFAS o en comités de aula siguen apoyando a las instituciones educativas, ampliando sus instalaciones y mejorando el equipamiento. Sienten la institución educativa como propia. Es parte de su entorno social. Más aún, la influencia de la institución en el entorno es tal que lo transforman. Fe y Alegría es, desde su inicio, un Movimiento de educación popular integral y promoción social. Su objetivo es llegar a los más vulnerables, allí donde se encuentren. Y eso supone una pedagogía diferente con una intencionalidad sociopolítica clara: educar para transformar esta realidad que deja fuera de la educación a millones de personas. Una educación que cierra brechas y combate discriminaciones. Esas características de la educación popular mantienen su vigencia 60 años después, aunque se relean en contextos históricos y sociales diferentes.

El Estado es también un elemento clave del modelo. Tiene los recursos para implementar los planes educativos, fruto de un acuerdo nacional por la educación, y los medios para replicar lo que instituciones sociales, como Fe y Alegría, pueden realizar en pequeña escala. En ese sentido, Fe y Alegría se percibe a sí misma como un laboratorio de innovación de prácticas pedagógicas y de gestión que, de mostrarse exitosas, pueden irse implementando gradualmente en otras instituciones públicas estatales, adaptándolas y repensándolas en función de cada región. Fe y Alegría se concibe como un co-laborador del Estado (no como su operador) y le ofrece los logros conseguidos (en aprendizajes en las diferentes modalidades de la básica y de la superior, en formación integral, en ética y ciudadanía, en construcción de valores, en formación en y para un trabajo digno, etc.) para el mejor desarrollo de la educación pública. Se necesita espíritu de diálogo, de cooperación, de búsqueda compartida del bien común.

Otro actor clave del modelo son los aliados. Fe y Alegría convoca a todos los que apuestan por una educación pública de calidad con equidad, justicia e inclusión. Estos pueden ser eclesiales o empresariales; nacionales o extranjeros. Fe y Alegría Perú es parte de una federación internacional que engloba a 30 países en América Latina y el Caribe, África y Madagascar, Europa (España e Italia) y recientemente también Asia. El P. José María Vélaz, fundador del Movimiento de Fe y Alegría en Venezuela, soñó siempre con un modelo educativo que pudiera ir más allá del continente en que nació. Podemos decir ahora, con la expansión lograda, que acertó. En este crecimiento ha habido presencias claves: las congregaciones religiosas que han asumido su responsabilidad en la educación pública a través de Fe y Alegría; organizaciones empresariales que aportan con su experiencia, instalaciones y horarios laborales para la implementación de educación básica y superior; universidades y fundaciones que apoyan con becas de estudios superiores a exalumnos; organismos de cooperación que gestionan proyectos en el Perú o en el exterior para el desarrollo de programas educativos diversos.

Finalmente, un cuarto actor: el Espíritu. No por último, menos importante. Fe y Alegría es un movimiento con Espíritu que moviliza voluntades, que se convierte en proyectos de vida, que promueve vocaciones docentes. La comunidad educativa de Fe y Alegría no mide horarios cuando se trata de educar en emergencia, como lo pudimos ver en la pandemia. Fe y Alegría tiene claro el interés superior del estudiante, por encima de legítimos intereses y derechos particulares. El Espíritu en Fe y Alegría lleva a la dedicación sin límites, cuando se trata de promover el desarrollo de los niños, niñas, adolescentes, jóvenes y adultos a quienes educamos. En ellos vemos personas que movilizan lo mejor de nosotros mismos.

Fe y Alegría es, pues, una institución que se propone lograr que lo público sea sinónimo de calidad; que la educación sea un derecho universal, sin discriminación ninguna; que ese derecho convoque a toda la sociedad y al Estado, sobre la base de que la educación es un bien público, es decir, de todos y todas. Por ello, Fe y Alegría sigue vigente y puede seguir celebrando la vida, “transformando personas, construyendo país”, como dice el lema de este año jubilar.

Ernesto Cavassa, S.J.

Director General

©2026 Todos los derechos reservados