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Entrevista: “Fe y Alegría es el punto de partida de todo lo que soy”

Víctor Dongo Zegarra

Exalumno de la I.E. Fe y Alegría 2 – San Martín de Porres, Lima

Promoción 1981

Víctor es un ejemplo vivo de que “sí se puede”. Él es médico cirujano y maestro en Salud Pública, cuya trayectoria es un testimonio de superación y servicio. Se ha desempeñado como director general de la Dirección General de Medicamentos Insumos y Drogas (DIGEMID), funcionario de EsSalud, ha colaborado con los organismos de OPS/OMS, Naciones Unidas (ONUSIDA) y el ORAS-CONHU. Actualmente preside la Comisión Multisectorial de Productos Farmacéuticos del Consejo Nacional de Salud y lidera el Instituto de Gestión y Evaluación de Tecnologías Sanitarias (IGETS), desde donde impulsa políticas públicas para mejorar el acceso a medicamentos en el país. Mantiene un vínculo permanente con su alma mater motivando a las promociones, retribuyendo con gratitud lo que Fe y Alegría sembró en su vida y demostrando que, con esfuerzo y fe, no existen fronteras para los sueños.

¿Qué significa para ti Fe y Alegría?

Fe y Alegría es mi origen y mi cimiento; es el punto de partida de todo lo que soy. Es el lugar donde entendí que la educación no solo transforma vidas, sino que construye justicia social. Para mí, representa familia, dignidad y esperanza. Es la prueba viva de que el lugar donde naces no determina hasta dónde puedes llegar.

¿Qué aspectos rescatas de tu etapa escolar?

Rescato dos pilares fundamentales: la excelencia académica y la formación en valores. Nuestros docentes nunca redujeron sus expectativas por nuestro origen; al contrario, nos exigían más. Al mismo tiempo, nos formaban en solidaridad, servicio y sentido de comunidad. Recuerdo que esa exigencia académica me permitió ganar concursos de la UGEL cuyos diplomas conservo como verdaderos tesoros. Esa base fue clave para  ingresar a la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, universidad pública con una cantidad enorme de postulantes por el prestigio y nivel académico que tiene, y convertirme en el profesional que soy hoy. Mi más profundo agradecimiento a la hermana Elba Mayna cuya gestión ha sido fundamental para posicionar nuestra escuela como un referente de excelencia.

¿Te sentías en familia en Fe y Alegría 2? ¿Por qué?

Totalmente. Veníamos de contextos similares, de familias trabajadoras, muchas veces con limitaciones económicas, pero con enormes aspiraciones. El colegio era una extensión del hogar. Esa experiencia compartida generó vínculos muy profundos que, décadas después, siguen intactos. Han pasado 45 años desde que egresé y continúo en contacto con mis herman@s de promoción y mis docentes. Compartimos un chat donde nos comunicamos, apoyamos y celebramos juntos momentos importantes, como el reciente cumpleaños número 80 de nuestro profesor Horacio. Fe y Alegría no solo te brinda educación; te regala una familia para toda la vida.

¿Qué oportunidades te brindó Fe y Alegría? ¿Recuerdas algún gesto de solidaridad que te haya marcado?

Fe y Alegría me dio algo invaluable: la posibilidad de creer en mí mismo. Me permitió imaginar un futuro que, en mi contexto, parecía improbable. Las y los maestros de Fe y Alegría no sólo enseñan su materia, enseñan a ser “sabios, honestos y solidarios” en un mundo que a veces olvida esos valores. La solidaridad la viví en carne propia cuando mi familia, siendo yo uno de 10 hermanos, no pudo pagar mi viaje de promoción y me quedé en casa. Sin embargo, mi profesor de primaria, Horacio Fuertes, detuvo el bus en la fachada de mi casa, habló con mis padres y me llevó al viaje  con mis compañer@s. Ese gesto marcó mi vida y resume lo que es Fe y Alegría: educación con humanidad.

Muchos dicen que estudiar en una escuela pública es un reto. ¿Cuál fue el mayor obstáculo que enfrentaste?

El principal obstáculo no fue sólo económico, sino el prejuicio: la idea de que ciertas metas, como estudiar medicina, no eran para alguien de mi realidad. Fe y Alegría rompió ese límite mental. Me dio herramientas académicas y confianza para competir en igualdad de condiciones. La formación que recibí me permitió ingresar a una de las universidades más exigentes del país y asumir grandes responsabilidades. Eso demuestra que una buena educación puede romper cualquier barrera.

¿Por qué elegiste estudiar Medicina? ¿Cómo nació tu vocación?

Mi vocación nació al ver de cerca las necesidades en mi comunidad. Comprendí que la salud no es un privilegio, sino un derecho, y decidí ser parte de la solución. La formación en valores que recibí en el colegio —servicio, compromiso y solidaridad— fue clave para orientar esa decisión.

¿Cuál consideras que ha sido tu mayor logro profesional y cómo te preparó la escuela para alcanzarlo?

He tenido la oportunidad de ocupar cargos importantes y contribuir en la formulación de políticas públicas en salud. Sin embargo, más que un logro individual, considero fundamental haber contribuido a que más peruanas y peruanos accedan a medicamentos y atención. Nunca olvidé de dónde vengo. Fe y Alegría me formó con algo esencial: sensibilidad social. Me enseñó que detrás de cada decisión técnica hay vidas humanas.

¿Qué es lo que te motiva a seguir adelante?

Mi familia es una fuente permanente de motivación, así como el compromiso con mi país y con mi historia. Cada logro es también un homenaje a quienes hicieron posible mi camino.Siento que todo lo que hago es una forma de retribuir a mi familia, a mis maestr@s y a mi alma mater. Hace poco viví una de las experiencias más conmovedoras de mi vida: recorrí los pasillos de mi colegio junto a mi padre, quien, a sus 95 años, quiso volver a ese lugar que ayudó a construir. Él fue uno de los hombres que cavó zanjas, levantó paredes y forjó los cimientos de esta escuela. Verlo emocionado me recordó que este colegio no se construyó solo con ladrillos, sino con el alma de una comunidad que creyó en lo imposible. No había mucho, pero había algo esencial: esperanza. Crecimos junto con nuestra escuela. Mientras se levantaban las paredes, nosotros construíamos sueños.

Estamos en épocas difíciles. ¿Qué rol crees que juega la ciudadanía en esta crisis política?

Un rol fundamental. La ciudadanía debe ser activa, informada y ética. Los valores que aprendemos en la escuela como honestidad, respeto y solidaridad deben reflejarse en la vida pública. No hay democracia sólida sin una ciudadanía comprometida.

Ahora que eres profesional, ¿qué le dirías a Víctor niño o adolescente?

Le diría que no deje de soñar, que todo aquello que hoy imagina, poder ayudar a las personas, aliviar el sufrimiento, ser útil a los demás, será posible. Que esos sueños que repite en silencio cada día no son lejanos, son el inicio de su camino. Le diría que confíe, que siga estudiando con disciplina y que no se limite por las circunstancias, porque su origen no define su destino. Que cada esfuerzo, por pequeño que parezca, lo estará acercando a una vida en la que podrá servir a los demás, tal como lo sueña.

¿Qué mensaje darías sobre el poder transformador de la educación?

La educación es el motor más poderoso de transformación social. Cuando se educa con calidad y valores, no solo se cambia la vida de una persona, se impacta en toda la sociedad. Apostar por la educación es apostar por un país más justo, más saludable y con mayores oportunidades para todas y todos. Fe y Alegría no solo forma estudiantes; forma ciudadanos y ciudadanas con propósito. Soy testimonio de que, cuando una comunidad apuesta por la educación transforma destinos y construye futuro. Soy testimonio de que Fe y Alegría transforma vidas. Donde hubo carencias, sembró oportunidades; donde había límites, construyó caminos. A los estudiantes les diría que no se limiten por las circunstancias. Esfuércense, crean en ustedes y aprovechen cada oportunidad. Todo lo que viven hoy los está preparando para el futuro.

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