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Noviembre 2017

“Debemos conocer la realidad de nuestros estudiantes”

 

Maika Castillo Zapata

Profesora
Red Rural Fe y Alegría 44 – Andahuaylillas, Quispicanchi (Cusco)

De los 15 años que tiene como maestra, Maika lleva 10 en Fe y Alegría. Tiene dos hijas (18 y 8), aunque podría decirse que tiene otras decenas de hijos: sus estudiantes. Ama a sus niños. Lo dice y se le nota cuando se refiere a ellos. Sabe lo importante que es darles cariño. “Y conocer su realidad”. Natural de Urcos (Quispicanchi) esta docente de primaria también ama su tierra, sus costumbres… Y cocinar. ¿Lo que mejor le sale? “El chicharrón de chancho. Con su mote y su uchucuta”.

¿Por qué maestra?
(Piensa) La prioridad en esta vida son los niños. Ellos son el futuro de nuestra nación, y ese futuro está en nuestras manos. Y qué mejor si puedo aportar un poquito en la formación de estos niños, ayudarlos a crecer, a ser buenas personas, formarlos en valores.

¿Cuál crees que es tu mayor cualidad como docente?
Creo que soy una persona innovadora, muy cariñosa con mis niños. Y con mucha paciencia. Me gusta trabajar con los niños a partir de 4° de primaria porque es una etapa en que están en pleno cambio. Acá en Fe y Alegría tenemos estudiantes muy diversos, con muchas carencias, económicas y afectivas. Y lo que yo hago es tratar de ayudarlos. Ahora, no sé si sea una cualidad o un defecto, pero muchas veces me involucro mucho, me termino llevando sus problemas, los hago míos.

¿Un docente debe involucrarse en la vida de sus estudiantes?
Es necesario conocer su realidad porque si no conoces cómo es esa personita, lo que está pasando, ¿cómo haces para ayudarla? Porque aparentemente puede venir feliz, tranquilo, pero ¿y por dentro? Hay que conocer su realidad, saber cómo está, de dónde viene… Muchas veces tienen problemas familiares; aquí en la escuela se distraen, pero al llegar a casa ¿cómo están? Creo que debemos darles ese soporte.

¿Cómo aprenden mejor los niños aquí?
Para que un niño aprenda nosotros debemos conocer su realidad. Debemos entender que todos somos diversos, no estamos educando un grupo homogéneo sino heterogéneo. Y no solo hay que conocerlos emocionalmente, sino también culturalmente: sus costumbres, sus creencias.

¿Cómo son estos niños? ¿Qué te dicen? ¿Qué quieren?
Son niños muy cariñosos, pero también muy diversos. En el último Día de los Santos, por ejemplo, veíamos cómo van mostrando sus costumbres: algunos traen su pan guagua, otros preparar lechón. Sus mismos orígenes son diversos: algunos estudiantes tienen padres profesionales, otros son hijos de padres analfabetos; unos vienen de familias disfuncionales, otros pocos tienen su familia con papá y mamá… Es una diversidad muy grande. Cada niño es un mundo completamente diferente.

¿Qué debe priorizar hoy un maestro: lo cognitivo o habilidades blandas?
Yo siempre soy de la idea que hay que trabajar las habilidades blandas: los valores, el respeto… teniendo ya todo eso los conocimientos van llegando poco a poco. Primero hay que formarlos como personas.

¿Qué tan importante es el juego en el aprendizaje?
Es muy importante. Por ejemplo, en matemáticas, cuando tú los motivas con el juego ellos ya van absorbiendo el tema y encaminándose a dar respuesta al problema planteado. La música también. Cuando trabajamos producción de textos les pongo música instrumental: eso les gusta, los calma. Pero no solo la música y el juego, también las TICs. Poco a poco vamos integrándolas al aula. Hace poco llegaron las mochilas digitales (proyecto realizado con Fundación Telefónica); estuvimos utilizando las tablets, lo que nos ha ayudado en la suma y resta de decimales.

Debió ser una gran novedad…
La primera vez que cogimos las tablets fue toda una experiencia. “¡Qué bacán!”, decían. Sus rostros… Los niños son como esponjitas, absorben todo. En un inicio había que estar uno por uno explicándoles, cómo conectarse al wifi, pero después ellos mismos te dicen: “Profesora, ya yo sé mi contraseña” y se conectan solos. Ellos ya saben utilizar Weclass, van aprendiendo a través del juego… Están muy satisfechos, muy motivados. Es que no solo hay que enmarcarse en la propuesta curricular, sino sacarle un poquito la vuelta.

¿En la red se armoniza la educación con la naturaleza, con la producción?
Así como somos diversos como personas, también tenemos diversidad geográfica. Para la programación de las actividades siempre tomamos en cuenta el calendario comunal: la siembra, la cosecha, el deshoje… De esa manera no estamos fuera de la realidad de los estudiantes. Ellos los sábados y domingos ayudan en casa, en la chacra. Dominan ese tema.

¿La currícula coincide con la realidad?
Hay sesiones que nos pide el Ministerio que no están acordes a la realidad del estudiante. Debemos consolidar sus aprendizajes, sí; pero teniendo en cuenta su identidad, su contexto, su lengua misma. Pero también sus necesidades y expectativas.

¿A qué aspira un joven en Andahuaylillas?
Ellos desean terminar su educación, ingresar a la universidad o un instituto. Pero también quieren ser personas íntegras, con actitudes positivas.

En la zona rural siempre se ha hablado de deserción escolar, que se prioriza el trabajo… ¿Esto ha cambiado? ¿Qué prejuicios perduran?
Desde hace unos 8 o 10 años esto ha cambiado. Eso ya no vemos. Los padres hoy exigen educación para sus hijos. Ya no hacen diferencia tampoco para que la niña se quede en casa. Hoy son muy responsables, apoyan la educación de sus hijos. Claro, los niños participan en las jornadas de trabajo familiares en el campo, pero lo hacen los fines de semana. Ya no los hacen faltar a clase.

¿Cómo se ha ido logrando este cambio?
Trabajamos mucho con la Escuela de padres. Esto ayuda. Los hacemos reflexionar sobre la importancia de la equidad en el acceso a la educación. Tenemos niños que vienen de lejos. Porque no son solo de Andahuaylillas. Nuestros estudiantes vienen de Urcos, de Huaroc, Oropeza, Lucre… Caminan mucho para tomar el carro, algunos salen muy temprano, demoran horas en llegar. Los papás ahora ayudan a que sean responsables.

¿Los padres quieren que sus hijos mantengan su lengua nativa? ¿O creen que es una desventaja?
En un principio sí, los padres pensaban que conservar su lengua era un retraso para sus ellos. Más que todo tenían temor por la discriminación. Nuestros estudiantes tenían vergüenza de decir que hablaban quechua. Pero ahora ese pensamiento se está revirtiendo. Es parte de su identidad, no pueden dejarlo. Ya los padres aceptan. En los primeros años se trabaja con la lengua materna, el quechua. Y acabando primaria salen bilingües coordinados.

En tu lengua nativa aprendes mejor…
Claro. Si el niño es quechua hablante, y la profesora habla castellano, ¿cómo nos comunicamos? ¿Qué logros se van a obtener? Es un proceso, pero sí se están obteniendo logros. En la ECE hemos tenido buenos resultados, y eso es gracias a  los profesores y a los padres de familia. 

¿Los chicos y chicas de la zona están perdiendo sus raíces? ¿Están copiando modelos occidentales?
Si no se trabaja desde la escuela y con los padres, hay ese riesgo. Sí, adoptan ciertas costumbres que no son suyas, como por ejemplo Halloween. El 31 de octubre tú los ves y salen todos disfrazados, pero eso no implica que hayan dejado de lado su cultura. ¿Dónde lo vemos? Cuando participan en sus actividades comunales, en las jornadas agrícolas, en las fiestas costumbristas que hay en la comunidad. Aquí se les hace conocer y que quieran su cultura.

¿Cuál es el aporte de Fe y Alegría para revalorar sus raíces?
Tenemos sentido de pertenencia. Lo que más nos ha ayudado son los talleres de equidad de género, la participación ciudadana, la Escuela de padres. Todo eso ayuda a fortalecer conocimientos y revalorar nuestra cultura e identidad.

¿Qué diferencias notas entre un estudiante de Fe y Alegría y uno de otra escuela?
Formamos en valores y actitudes. No es por menospreciar a otras escuelas, pero se nota. Incluso nuestros estudiantes tienen un mayor desenvolvimiento en público, autoconfianza. Somos reconocidos a nivel provincia como una institución de calidad. Hay muchos padres que piden que sus hijos entren al colegio, hacen largas colas… pero lamentablemente no contamos con más aulas. No podemos atender a toda la población.

Debe ser frustrante saber que hay chicos que se quedan afuera, ¿no?
Sí. Como docentes nos sentimos tristes. Pero no podemos ayudar a todos. Incluso en cada aula tenemos 34, 35 estudiantes. En otras escuelas lo normal es 17, 26 estudiantes… No podemos atender a todos porque justamente lo que queremos es brindar una educación de calidad.

¿Qué tan importante es para Fe y Alegría la comunidad? ¿Cómo replicar la experiencia?
En Fe y Alegría trabajamos con los padres, y con ellos a su vez tratamos de hacer proyección social. Desde el Ministerio o el Municipio trabajamos coordinadamente, hacemos pasacalles, concientizamos sobre el cuidado del medio ambiente, el cuidado del agua, la importancia de la familia. Nos involucramos con la sociedad con el fin de promover educación de calidad.

¿Qué es lo más difícil de trabajar en educación rural?
Creo que lo más difícil es alejarte de la familia. Son escuelas muy alejadas. Por ejemplo, en ir y venir de Cusco a Andahuaylillas yo tardo tres horas, pero algunos docentes no tienen esa suerte y tienen que quedarse a dormir en la zona de la escuela, dejan de ver a la familia. Es un gran reto.

¿Es el único?
Otro reto es entender el contexto. Por ejemplo, si te invitan una comida y nosotros la rechazamos, para los comuneros eso es una ofensa. Entonces es cuestión de no llegar cerrado con tus actitudes y costumbres, sino ir adaptándote. Y otro reto que tenemos aquí es que nuestros estudiantes no nieguen su cultura. Debemos fortalecer su identidad y consolidar sus aprendizajes en lengua materna.

¿Qué te hace feliz como maestra?
Me hace feliz ver a mis estudiantes como personas íntegras. Por ejemplo, que un estudiante aprenda a leer te emociona. O cuando ves que llegó a secundaria, que entró a la universidad, que es un profesional, que te reconozcan en la calle, que te saluden… Eso te hace feliz.

¿Qué es lo mejor de trabajar en Fe y Alegría?
Trabajar con vocación. Al principio parece que te exigen mucho, pero te vas contagiando y te entregas a esa misión de brindar la educación que los niños merecen. También destaco la formación permanente que nos dan a los docentes, aunque sí debo decir que ha bajado un poco. Antes era más constante.

¿Cómo quieres ver a tus estudiantes en el futuro?
Quiero verlos como personas íntegras, con valores. Y sobre todo que amen su cultura, sus raíces, que se sientan orgullosos de lo suyo.

¿Tú amas lo tuyo?
Sí. Mucho.

¿Qué es lo que más amas de Andahuaylillas, de Cusco?
La naturaleza. Desde donde estamos ubicados, si ves hacia la parte de la chacra, notas claramente a lo largo del año cómo se van formando tres colores: verde, amarillo y marrón, que son las temporadas de cosecha según las estaciones. Unas vistas preciosas, los paisajes… Aquí no tenemos contaminación, tenemos una rica historia, unos enormes atractivos turísticos, ¡la Capilla Sixtina de América!, nuestras costumbres, los carnavales, la fiesta patronal… Son tantas cosas que me hacen sentir orgullosa de mi tierra.

De allá no te mueves…
¡Nooo! (Risas) Estoy feliz aquí.

La frase más bonita que un estudiante te haya dicho…
Algo que siempre tengo grabado es cuando el año pasado tuve a mi padre enfermo. Mis niños me enviaron una carta agradeciéndome por todo el apoyo que yo les había dado. Y me decían que ellos iban a estar apoyándome moralmente desde el colegio. Fue una carta muy bonita, un lindo recuerdo que hasta ahora tengo guardado.

Y una frase que tú le dirías a tus niños y niñas…
Ñuqat ukuy sunquywan munakuykichik, ichaqa allin runa kanaykichikta munani. (Yo los quiero con todo el corazón y quiero que sean personas de bien).

 

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Octubre 2017

“Ser mujer no me limita para nada”

 

Pilar Donayre Reyes

Madre de familia
I.E. Fe y Alegría 59 – Pachacútec, Ventanilla

Cuando Pilar habla su mirada la acompaña. Habla de sus hijos y los ojos le brillan. Habla de coyuntura y los abre casi al límite. Confianza, sexualidad, valores, violencia, machismo… Ningún asunto le es indiferente. Se emociona siempre. Madre de tres hijos (21, 16 y 15 años), esta aficionada a la repostería (recomienda su pye de limón) reconoce que no pasa mucho tiempo con ellos. “El trabajo no me deja”, nos dice. Está agradecida con el colegio no solo por educar a sus hijos, sino a ella misma, a través de la Escuela de padres. “La vida a uno lo golpea, pero te enseña”, asegura. 

¿Qué piensa una madre al ver tanta violencia contra la mujer?
(Suspira) Si no respiro, ¡voy a salir con todos los demonios encima! Estas mujeres parece que no llegaron a valorarse, a quererse. Si yo me quiero, voy a hacer que los demás me quieran. Pero si yo no me quiero, los demás no me van a querer. En ese momento quizá ellas idealizaron al hombre, pensaron que les iba a solucionar todo… y dejaron que las maltraten.

¿Viste o viviste algo así?
(Piensa) Al principio, sí. Soy separada hace 15 años. He sido padre y madre de mis hijos. Una a veces piensa que si el hombre trabaja, él trae el dinero, pues yo dejo que todo pase. Y vas cediendo, tolerando. Pero llega un momento en que dices ¡basta! Yo vivo para mis hijos, no por mis hijos. Hay que diferenciar. Para mi hijo estoy aquí. Para mi hijo trabajo. Pero decir “Por mis hijos” es aguantar cosas, soportar, vivir con esa persona que no te quiere. Tenemos que legar a querernos. Yo no puedo permitir que nadie me dañe.

¿Crees que tiene que ver con un tema de educación?
Sin duda. Durante años nos han inculcado eso. La mujer tiene que quedarse en casa, lavando, planchando… O sea, él, por ser hombre, sí puede hacer lo que le dé la gana. Y una, por ser mujer, no. Y encima hay que ser sumisa y aguantar todo. No, definitivamente ya no.

Generación tras generación hemos crecido así…
Machista. Una educación machista. ¿Dónde está eso que tanto se habla de igualdad de género, que el hombre y la mujer son iguales? Es de la boca para afuera. Porque no se va a cumplir. Antes se decía “A la mujer, ni con el pétalo de una rosa”. ¡Y hoy la agarran con palo, con fierro y con todo! Siempre se ha dicho eso. ¿Y? Esto no cambia. Nunca se llegó a entender esa frase.

¿Crees que así deben formarse las nuevas generaciones?
No. No sé muy bien los detalles de eso de educación en género, pero sí estoy convencida que hombres y mujeres tienen las mismas capacidades, y nosotras podemos lograr cosas tan iguales o más. Ser mujer no me limita para nada. Yo he podido sacar adelante a mis hijos. Muchas lo hacen.

¿En Pachacútec también?
Bueno, todavía hay algunas mujeres a las que parece que la Escuela de padres les entra por un oído y les sale por el otro. Muchas todavía dicen: “No, es que mi esposo…” Y aguantan. No se dan su lugar. Y sus hijos, ¡su niña! va a aprender de eso que ve.

Con ciudadanos educados, ¿ocurriría todo lo que estamos viendo?
Si vemos a los niños como pequeñas semillitas, que tenemos que sembrar, y la vamos a cuidar, a regar con paciencia y vamos a tener un árbol que dé frutos, yo creo que vamos a cambiar. A los jóvenes de hoy ya no les vamos a cambiar su forma de pensar, ellos ya crecieron con esta visión tradicional y machista. Pero si empezamos desde ahorita, con los pequeñitos, enseñándoles a respetar, a entender que niños y niñas son iguales, que tienen la misma capacidad de hacer las cosas, se va a lograr.

¿El colegio es el único responsable de educar? ¿Y la familia?
Yo diría 50 y 50. La educación no es solo responsabilidad del colegio, también es responsabilidad de los padres. Mientras que nosotros los padres les enseñemos a diferenciar lo bueno de lo malo, en el colegio se les afianza lo aprendido en casa. Y, claro, Fe y Alegría ayuda mucho.

¿Valió la pena apostar por Fe y Alegría para educar a tus hijos?
Sí, valió la pena. Los chicos salen preparados. La educación es muy buena, salen preparados para el mundo de hoy. Y con valores. Mi hijo es un chico bastante maduro, centrado. Ahí les enseñan a respetar, a valorar a las personas, a creer que ellos pueden salir adelante.

¿Qué diferencias hay entre la educación que recibiste y la que reciben tus hijos?
En cuanto al colegio, yo diría que es casi igual. Lo que sí noto es que antes había más disciplina. En casa antes había más rectitud, nuestros papás te formaban, decían que teníamos que hacer las tareas de tal hora a tal hora; y si salíamos, había una hora límite… Ahora no. Los chicos andan fuera de control, sin normas, haciendo lo que quieren.

¿A qué crees que se debe?
Se han perdido los valores, ya no hay disciplina. Hoy, prácticamente todos los padres trabajan. Están poco tiempo con los chicos. Sí, lo reconozco, yo también, por el trabajo. Entonces el poco tiempo que estemos con ellos hay que conversar, enseñarles. Los padres hoy se dedican más a priorizar cosas materiales que espirituales y morales. Le falta algo, listo: le damos cosas. Y dejamos de lado lo importante.

¿Qué hacen en los momentos que estás con tus hijos?
El día libre que estoy con ellos conversamos, almorzamos juntos. Recuerdo mucho lo que me decía la hermana Gerarda (exdirectora de Fe y Alegría 8, el primer colegio en que estudió su primer hijo): “Deja tu casa patas arriba. Dale tiempo a tus hijos, quédate con ellos”. Y sí, lo hacía. El día que descanso me dedico más a ellos. No será mucho tiempo, pero antes que cantidad trato de darles calidad.

¿Qué les pides a tus hijos?
Que confíen en mí. ¡Y que no me mientan! (sonríe) Siempre les recalco que hagan las cosas bien. Y si van a pensar en hacer algo mal, que piensen las consecuencias.

¿Hablas con tu hija de sexo?
Sí. Hoy en día ellos no pueden salir a la calle con los ojos vendados. No podemos pintarles pajaritos.

¿A ti te hablaron de sexo a esa edad?
No. Antes ese era un tema uuufff…

¿Crees que aún hay madres o padres conservadores? ¿Que les da temor o vergüenza hablar de sexo con sus hijos?
Sí. Todavía hay. Pero ya deben ir soltando, dejando eso atrás porque los chicos saben más que nosotros.

¿Cómo los ayuda el colegio en ese tema?
El colegio ayuda. Tenemos la Escuela de padres. Se implementó también un programa de la Municipalidad llamado “Quiéreme”, que ayuda a los chicos a saber qué son ellos, cuánto valen. Creo que es un tema que debe estar presente en la currícula. Los chicos deben saber diferenciar sexualidad de sexo.

¿Hay muchos casos de embarazo en el barrio?
Sí, bastante.

¿Pero menos que antes? ¿O son más?
Son más. Es que hay mucho descuido, poca educación. Definitivamente estamos en una zona donde los papás trabajan y, más que nada, tratan de sobrevivir. Repito: “Yo vivo para mis hijos, no por mis hijos”. Hay que saber diferenciar. Ya, “yo recibo poco dinero, vivo en una choza, cumplo, sobrevivo, pero lo hago por mis hijos, es lo que me tocó vivir…” ¡No! Uno nunca debe dejar de hacer cosas o soportar cosas “por los hijos”. Hay que vivir para los hijos.

¿Nos tocó la época de los padres y madres ausentes?
Sí. Y en la Escuela de padres, ni hablar. A veces le digo a la directora: “Acá las mamás de Fe y Alegría son madres solteras o son viudas. Porque papás no se ven”. Será uno de cada diez. Todas somos mamás. Los papás dicen que trabajan, que no tienen tiempo. Y si van, lo hacen porque hay una faena que las mujeres no pueden hacer. O vienen por el sello. “No quiero pagar la multa”. Y no debe ser así. Si lo hago, si voy, es para ayudar a que mis hijos crezcan, que ellos sepan que estoy aquí para ellos.

¿Qué es lo que más has aprendido en Escuela de padres?
Uuff… Se aprende un montón. Pero lo que más rescato es poder darles esa confianza para que puedan decir las cosas. No solo son problemas, sino también cosas que quieren resolver y no pueden. Si tú no les diste confianza, en ningún momento van a confiar en ti. Por el miedo. “Si le digo esto, se va a molestar; mejor no le digo”. Hay que ayudarles a perder el miedo. Quizá sí, cuando nos lo cuenten nos molestará, pero después vamos a poder ayudarlos. Hay que darles confianza. Porque con gritos y con golpes no vamos a llegar.

¿Qué errores que cometieron contigo no te gustaría repetir con tus hijos?
Definitivamente, la rectitud. Imponer cosas. Antes la razón que te daban era una sola. “Porque no”. Hoy a los chicos no podemos imponerles las cosas. Hay que decirles el porqué. Darles razones.

¿Qué quieren ser tus hijos de grandes?
Bueno, mi hijo mayor estudia Ingeniería de sistemas, trabaja en un banco. El segundo va a estudiar artes gráficas, y la última quiere ser veterinaria.

¿Cómo te gustaría verlos en 20 años?
Verlos logrados. Desempeñándose en cosas que ellos eligieron, sin imposiciones. Quiero verlos felices logrando lo que ellos quisieron.

¿Y a ti? ¿Cómo te gustaría verte?
Un poco más tranquila, compartiendo ahora sí más tiempo con ellos. Y con sus familias.

 

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Setiembre 2017

“Uno nunca termina de aprender”

 

Hernán Chiri Pérez

Director
I.E. Fe y Alegría 40 – Tacna

Hernán lleva 22 años en Fe y Alegría. Hace un año es director. Todavía se está adaptando, pero tiene claro cómo debe ser un director en esta época. “La comunicación es importante”, asegura. Dictar clase, dirección vertical, formar empleados… ya no. Los tiempos cambiaron. Lo que no cambia es su afición a la música de Los Kjarkas, al fulbito ¡y al picante a la tacneña! 

¿Cómo es la Tacna de hoy comparada a la de hace 25 años?
Ha crecido mucho. Más moderna. El turismo ha crecido bastante. Por ejemplo, nuestros vecinos chilenos tienen mayor poder adquisitivo. Les resulta muy beneficioso venir a hacer turismo basado por ejemplo en la obtención de servicios médicos. Les atrae mucho la comida. Hay más inversión: se van a construir dos malls. Claro que hay una parte que está de acuerdo y otra no, principalmente los comerciantes de la zona. Recordemos que Tacna es una zona tradicionalmente con mucho comercio. Aquí hay muchos mercadillos. Son ellos quienes se oponen.

La inversión privada dividiendo, otra vez…
Es que también hay un tema histórico. El tema de la guerra con Chile es un tema muy sensible. Hay una ley que prohíbe la venta de propiedades a extranjeros dentro de los  50 km de línea de frontera. Y eso ha enfrentado mucho a la población, tanto que el proyecto está paralizado. Yo creo que hay que promover la inversión privada, pero poniendo límites, sin entregar todo.

¿Se habla de esto, de coyuntura, en clase?
Claro. Este tema es reciente, pero aun así los docentes han tenido oportunidad de dialogarlo con los chicos. Ellos en su mayoría son hijos de comerciantes, así que esta situación les toca directamente. Muchas veces son los mismos chicos quienes proponen tocar el tema. De aquí en adelante vamos a tener que incluirlo. Es necesario porque es parte de nuestra realidad local. Y nacional.

Hablando de la historia, ¿qué se les dice a los niños en relación a Chile?
Se están promoviendo espacios de acercamiento, de unión. Nosotros, por ejemplo, junto al Colegio Cristo Rey, participamos de encuentros en las tres fronteras (Perú, Chile y Bolivia) donde a nivel docente y de estudiantes, abordamos estos temas, compartimos ideas y opiniones. Y se nota un ambiente de amistad. Es que a nivel del pueblo la relación es muy cercana. Son los políticos los que de vez en cuando van reavivando el tema.

A propósito de turismo, ustedes tienen un proyecto, ¿no?
Así es. “Turisteando aprendemos mejor”. Ese es el título de este proyecto. Hace unos días tuvimos una feria donde los estudiantes han podido presentar sus trabajos, sus maquetas de diversos atractivos de 15 países, sus costumbres, comidas. También hemos tenido la visita de una familia árabe. Esto es gracias a la iniciativa de la profesora Lidia Llanos, ella es muy inquieta, anda buscando temas. Y como ahora es el Año Internacional del Turismo ha impulsado este proyecto.

¿A qué aspira hoy un egresado de Fe y Alegría en Tacna?
En Tacna es muy fuerte el comercio. Aquí tenemos, creo, sin pecar de falsa modestia, la mejor aceituna del Perú; también el pisco, la cebolla, orégano. Pero lo que tiene mucha fuerza es el tema de los malls. Los padres piden. “Que vengan más malls”. “Ellos van a dar trabajo a nuestros hijos”. Pero, si analizamos, ¿qué tipo de trabajo ofrecen los malls a nuestros jóvenes? Es una explotación terrible.

¿Qué hacer?
Lo importante es promover en chicos y chicas la idea de que ellos pueden emprender sus propias empresas. Hay que formar emprendedores. Los docentes en EPT (Educación para el Trabajo) han sido capacitados en ese enfoque.

Es también un chip que viene desde la familia, ¿no?
También. Aquí tenemos profesionales, egresados de universidades, cada vez más chicos que entran a la universidad… Pero cuando puedo, les digo a los chicos: “La opción no siempre es la universidad”. Les pongo ejemplos. Ahora está muy en boga el tendido de las tuberías de gas. Los soldadores son muy solicitados y muy bien pagados. ¡Ganan mucho más que un ingeniero! Se los digo y ellos se quedan impresionados. Debemos fomentar más la formación técnica y orientar carreras profesionales que vayan de la mano con el desarrollo del país.

Tacna ocupa el primer puesto en educación a nivel nacional. ¿Por qué?
Moquegua también ha tenido por años este privilegio; es también un tema de cercanía geográfica, de trabajo conjunto. Creo que los maestros tacneños siempre hemos tenido la inquietud por innovar. Esto, sumado a la motivación de las autoridades, ha permitido ser nuevamente la región con mejor nivel educativo en las evaluaciones censales.

¿Cuál es el principal aporte de Fe y Alegría en la región?
Es muy importante la capacitación a los docentes, el acompañamiento constante. También, por ejemplo, el año 2016 tomamos el reto de unirnos al enfoque del desarrollo por competencias. Nos estamos anticipando a lo que se viene; recién nos vamos adaptando, pero cuando sea realidad a nivel nacional ya no nos va a agarrar desprevenidos.

¿Dirías que Fe y Alegría es una punta de lanza?
Yo creo que sí. En nuestro país ha habido muchos cambios, y esto hace que el docente perciba confusión, incertidumbre, porque mientras se van adaptando a algo viene el cambio. Ahora el currículo nacional es algo que, creemos, no va a cambiar. Entonces, que Fe y Alegría se comprometa con este enfoque es muy importante. Y sí, somos referentes para muchos colegios, las autoridades regionales educativas también nos tienen mucha consideración por el trabajo realizado.

¿Fe y Alegría es una isla en Tacna? ¿Cómo crecer junto a la región en temas de educación?
Creo que Fe y Alegría ya está haciendo incidencia. Compartimos experiencias con otros colegios públicos, que son iguales que nosotros, atendemos la misma población, con la misma problemática. Justamente este domingo nos vamos a Arequipa a un segundo Encuentro de equipos directivos regionales. Si poco a poco vamos contagiando, unos a otros, va a ser muy beneficioso para la educación.

Es tu primer año como director. ¿Te adaptaste?
Uno nunca termina de aprender. En todo lo que uno haga. Para mí esta tarea es nueva, no la esperaba tan rápidamente. En Fe y Alegría esta función se da por consenso. Para darme esta responsabilidad hubo una jornada en la que participaron las Hermanas de San José de Carondelet, que, por cierto, para nosotros son un gran soporte, son un pilar inmenso. En esa jornada los docentes reflexionamos y conversamos, surgiendo la propuesta -ni siquiera una votación- en la que me confiaron la función de director.

Hace años el director era temido, una autoridad vertical. ¿Cómo es hoy un director? ¿Cómo debe ser?
Hasta ahora se usa un poquito eso de “te voy a llevar a dirección” (Risas). Pero ya no es tan vertical, se está cambiando. Un director debe ser líder, debe tener un trato horizontal con las personas. A veces es difícil, pero no podemos eludir esa misión. En ocasiones escucho que los padres de familia llegan a la oficina y a la señora Martha, que es nuestra secretaria, la gritan. Los hago pasar y están tensos, listos para dar pelea. Pero después, los escucho, dialogamos, les explico, y al final se van contentos. Hay que escuchar, tener un trato horizontal. También con los estudiantes, con los docentes. Antes el director era una figura vertical, tajante, se hacía lo que él decía. Ahora es muy importante la comunicación, lograr consensos.

Gustavo Yamada decía que un director debe distribuir su tiempo así: 70% en el aspecto pedagógico y el 30% en el administrativo. ¿Se puede?
¡Se debe! (Risas). De poder se puede. Pero es un poco difícil. Especialmente para mí, que recién tengo un año, y todavía no termino de aprender. A veces desde la UGEL constantemente hay disposiciones, solicitudes de informes, consolidados, y con carácter de urgencia. Y siempre con esa frasecita: “Bajo responsabilidad funcional y administrativa”. Ya me la aprendí (Risas). Sí, es necesario estar más tiempo en el aula, con los docentes. Esa es la mejor manera de conocerlos y ser más cercanos a ellos. Espero darles más dedicación en este semestre que queda.

Tecnología, competencias, habilidades blandas… ¿La educación ya es otra?
Ya no podemos venir al aula a dictar clase. No podemos decirle al niño qué hacer, contarle historias, llenarlo de conocimientos… eso ellos ya lo saben. Hay que crear espacios para que ellos mismos puedan buscar esa información, adaptarla a sus necesidades, que puedan desarrollar su creatividad.

¿Nos ha tocado el momento bisagra? ¿Ya no hay marcha atrás?
De hecho. Y nosotros estamos viviendo en carne viva ese proceso de transición. Estamos tratando de hacer el camino. Nosotros asumimos el reto convencidos que no podemos perder la oportunidad para lograr el cambio. Hemos sido formados de esa manera, con la escuela tradicional. Es un tema que va a costar, pero estoy seguro que lo vamos a lograr.

¿Cuál es la mayor innovación pedagógica que han puesto en marcha?
(Piensa) El desarrollo de competencias. Para mí es la bandera de nuestra institución, es un proyecto muy grande, muy importante. Tenemos un compromiso. Y no solo con Fe y Alegría, con la Oficina Central, sino con nosotros mismos, y principalmente con nuestros estudiantes, con nuestros niños.

¿Cuál es tu misión en la vida de un estudiante?
Ahora estoy en una función distinta, pero nunca dejamos de enseñar. Yo siempre les digo a los docentes y personal administrativo, de servicio: “Quienes trabajamos en una institución educativa, aunque no tengamos título pedagógico, somos educadores”. Todos. Todos somos formadores de personas. Y con nuestra manera de dirigirnos a las personas también estamos formando. Nuestra misión es ayudar a que nuestros estudiantes logren encontrarle sentido a su vida.

 

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Agosto 2017

“Los valores son la clave del éxito”

 

Max Díaz Loa

Exalumno
I.E. Fe y Alegría 29 – Ventanilla

Son las 11 de la mañana y en la vereda central del campus de la Universidad Católica todos caminan a prisa. Max también. Está por empezar su clase de álgebra matricial y geometría analítica. Este joven de 17 años estudia el primer año de Ingeniería Industrial. Le encanta tocar guitarra, jugar fútbol y sacar a pasear a su perro. Le encantan los animales. “Cuando veo un perro en la calle, aunque esté sarnoso, me lo quiero llevar a mi casa”, nos dice. 

¿Qué te dejó más el colegio: amigos o valores?
Yo diría que es cincuenta y cincuenta. Yo llegué a Fe y Alegría en sexto de primaria, así que he conocido muchos amigos. Pero lo que me han inculcado en valores ha sido bastante. Los valores son súper importantes. Nacen en la casa, pero en el colegio los complementas.

¿Cuál es la principal “arma” que te dio Fe y Alegría para competir?
La parte académica, pero también la enseñanza de los valores. Yo siempre rescato el tema de los valores. Creo que una persona sin valores no va a llegar a nada. Los valores son la clave del éxito.

El valor que más te identifica…
Me considero respetuoso, buen compañero, pero sobre todo soy muy responsable. La responsabilidad para mí es fundamental. Si me comprometo a hacer algo, lo hago. No sé cómo, si tengo que amanecerme o sacrificar cosas, pero tengo que cumplirlo.

El profesor que más recuerdes y porqué
(Piensa) Uno de los que más me marcó es el profesor Miguel Huallanca, enseñaba matemáticas. Te hacía entender las matemáticas de manera clara, precisa, práctica. Su manera de enseñar era excelente. Y cuando tenía tiempo libre, te brindaba ayuda y no solo en temas de su curso.

¿Recordamos más a la persona que al docente?
Sí. Más que todo, uno valora a la persona. Ese profesor, por ejemplo, fuera de su área, te brindaba consejos, ayuda sobre orientación vocacional, actuaba como un psicólogo a la vez. Era fascinante.

¿Se hablaba de coyuntura nacional en la escuela?
Claro. Teníamos el curso Formación ciudadana y cívica. Y en ese curso había un espacio que se llamaba “Tu opinión importa”. El profesor ponía un tema polémico y los alumnos dábamos nuestra opinión, debatíamos, compartíamos ideas…

¿Dirías que eso ayuda a ganar autoestima?
Muchísimo. Te sientes con confianza, tú das tu opinión, y si alguien te refuta, tú sigues. Aprendes a construir tu punto de vista, a defenderlo, a ser crítico…

¿Qué opinas de la coyuntura nacional?
En nuestro país somos víctimas de la inseguridad. Y parece que no hay nadie que haga algo para erradicar la delincuencia. El caso Odebrecht, por ejemplo, deja mal al Perú. La coima, la corrupción, que llegue a las altas autoridades es una muy mala imagen.

¿Y todo es responsabilidad de nuestras autoridades? ¿Qué crees que podemos hacer como ciudadanos? ¿Cuál es el rol de ustedes, los jóvenes?
El Estado tiene su función. Pero también la ciudadanía. Si queremos un país mejor, desarrollado, los jóvenes tienen que poner de su parte. Y vuelvo a tocar el tema de los valores. Con educación, actuando con valores, éticos y morales, respetando las leyes, vamos a dar el ejemplo y construir una mejor sociedad.

¿Por qué la universidad y no un instituto técnico?
No desmerezco a quienes eligen una carrera técnica, pero en mi caso es un tema de vocación. Yo siempre quise ir a la universidad. En mi familia había abogados, entonces también había un poco de influencia.

¿Y por qué ingeniería industrial?
En un inicio pensaba estudiar derecho, pero en un examen vocacional me di cuenta que lo mío era la industria, los negocios. Pensando en qué carrera podía compatibilizar con mis gustos, averigüé y me decidí por esta carrera. Creo que ingeniería industrial te ofrece variedad de mercados en los que puedes desempeñarte.

Todavía no llegas al año, pero ¿qué es lo que más te ha enseñado la universidad?
Fuera de la formación académica, me ha ayudado en lo que es liderazgo. Hay cursos que fomentan mucho lo que es trabajo en equipo, talleres; además, aquí en la Católica hay ferias, eventos culturales, música… aquí se fomenta mucho el tema cultural.

Tú ingresaste por la Becas PUCP – Fe y Alegría, ¿no?
Sí. Felizmente tuve esa oportunidad. Desde que me enteré de esa beca me propuse alcanzar una. Ese apoyo es importantísimo. En todos los colegios, y no solo de Fe y Alegría, hay mucho talento. Entonces,  lo que hace la universidad es brindarles la oportunidad por medio de una beca para que puedan seguir una carrera profesional. Que universidades del nivel de la Católica brinden este apoyo a estudiantes de escasos recursos es fundamental. Creo que hay que buscar y reconocer el talento.

¿Qué debe uno priorizar? ¿La vocación o una profesión bien remunerada?
La vocación. La carrera que elijas te tiene que nacer, te tiene que gustar. Un estudio sin vocación no es estudio.

¿Cómo quisieras verte de aquí a 20 años?
Como una autoridad en el campo de la logística, conformando un grupo de personas que pueda optimizar una gran empresa.

¿Y cómo quisieras ver a tus compañeros del colegio?
Espero encontrarlos por las calles y que me digan “soy músico”, “soy escritor”, “tengo una familia”. Si no es con una carrera profesional, que realmente sigan lo que les gusta. Que tengan una buena vida. Que sean felices.

¿En tus planes está hacer algo por tu comunidad? ¿Por tu escuela?
¡Claro! Fe y Alegría es el colegio de mis amores. No lo visito por mis estudios, pero quiero volver. Quiero ir al bingo kermesse, encontrarme con mis compañeros, con mis profesores, con la hermana Mary Luz. Ahí pasé gran parte de mi vida académica. Yo siempre he pensado en apoyar a mi colegio, en infraestructura, en algo para mejorar la enseñanza… Y también quisiera ayudar a mi comunidad. Ventanilla es una zona pobre que poco a poco se viene desarrollando. Yo quisiera ayudar a que mi ciudad siga progresando.

Pensar en los demás…
Sí. Yo siempre digo que debemos velar por el bien común. Ah, y hay algo que también quiero hacer. Quiero poner un albergue para animales. Me encantan los animales. Cuando veo un perro en la calle, aunque esté sarnoso, me lo quiero llevar a mi casa. Pero son tantos perros, demasiados, en la calle, que no puedo llevármelos a mi casa. Así que más adelante, cuando ya tenga los recursos, pienso comprar un terreno y construir un albergue para poder cuidar de ellos.

 

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Julio 2017

“Hay que escuchar a nuestros alumnos”

 

Guillermina Quispe Ccollana

Profesora
I.E. Fe y Alegría 58 – Jicamarca

Hora y media le toma a Guillermina llegar desde su casa al colegio. “Vivo en Vitarte, ese trayecto es lo más difícil de trabajar aquí”, nos dice esta docente aficionada al vóley y al cebiche. Llegó a este colegio como maestra hace ya 16 años. Hoy es subdirectora. Desde que llegó se enamoró de Fe y Alegría. Siempre sonríe. Y siempre destaca la importancia de saber ponerse en el lugar del otro. 

¿Qué es lo primero que haces al llegar al aula?
Recibir a mis niños con una sonrisa, un beso y un abrazo para darles la bienvenida y poder disfrutar las horas que pasamos juntos.

¿Dictar clases es lo mismo que enseñar?
No. Dictar clases es algo monótono, dar el contenido. Enseñar no es solo el aprendizaje, sino también abarca lo que es la parte humana, los valores, rescatar las habilidades que los estudiantes tengan en otras áreas. Prepararlos para la vida.

¿Tú dictas o enseñas?
Yo enseño.

¿Maestra y profesora son lo mismo?
Para mí no. Maestra es la que deja huella. Es alguien a quien los alumnos van a recordar por algo significativo que haya hecho en su vida.

¿Qué es educar?
Educar es darles las herramientas para que ellos puedan responder a lo que la vida les demanda. Que se puedan desenvolver con valores, que sepan ponerse en el lugar del otro, que sepan ser íntegros.

Si tuvieses que elegir, ¿un estudiante cuestionador o uno que solo escuche y copie en el cuaderno?
Yo escogería un estudiante cuestionador porque él va a ser parte importante en mi carrera pues me va a exigir seguir capacitándome no solo en mi parte pedagógica sino también como maestra, como amiga, estar disponible en momentos que el alumno nos necesite.

¿Cuál es la mayor enseñanza que te ha dejado un estudiante?
A veces los maestros caemos en la rutina. Pedimos cumplir tareas. Cumplir. “¿Por qué no has hecho la tarea?” “Siempre es lo mismo” “Ayer tampoco me diste el trabajo, ya sabes cuál es tu nota”. Y una vez un chico me dijo: “¿Puedes darme solo un minuto y escucharme lo que te tengo que decir?” Me sorprendió. Lo escuché. Me contó que la noche anterior papá y mamá se habían peleado. “Tuve que esconderme debajo de la cama para que mi papá no me haga lo mismo”, me dijo. “Salieron de la casa y me quedé solo”. Me marcó mucho. Entendí que primero tengo que escuchar, conocer los motivos por los que no cumplen. No todos los estudiantes son iguales, viven situaciones diferentes. Hay que escucharlos.

¿Todos los estudiantes pueden aprender al mismo ritmo?
No. Tienen estilos y ritmos diferentes. Hay que identificarlos y adaptar el nivel de avance. Para eso está la labor del maestro.

¿Cómo premiar o motivar a un chico talentoso en artes pero que no tiene buenas calificaciones en los llamados cursos “importantes”?
Si un alumno destaca en danza, teatro, en lo deportivo, yo lo reconocería, lo premiaría en un acto público, frente a sus compañeros. Que se sienta valorado. Si yo le reconozco la parte en que más potencial tiene, va a generar confianza en él. Así, se sentirá motivado a desarrollar las otras áreas en las que puede que no sea tan talentoso. La parte cognitiva se puede aprender en el día a día.

¿Cómo sabes que el estudiante aprende? ¿Solo si saca buena nota?
No. La nota es una parte representativa. Pero uno se da cuenta que el estudiante aprende viéndolo en el día a día, en sus exposiciones, en cómo trata a sus compañeros, cómo soluciona un problema, cuando cuestiona a la maestra en actividades que no cree las correctas.

¿El examen debe hacerse cuando toca? ¿O cuando crees que tus estudiantes están preparados?
(Piensa) Creo que debe ser cuando el alumno está preparado. Porque si tú tomas el examen porque está programado en esta fecha solo se van a preparar para eso, para aprobar. Pero no va a ser tan rico como cuando tú los sientes preparados y notas ahí cómo disfrutan resolver sus pruebas. Esto beneficiaría tanto al alumno como al maestro.

¿Los chicos de hoy buscan aprender o solo aprobar?
Todavía queda en algunos chicos la idea de solo aprobar porque eso me garantiza el pasar de grado. Principalmente en los más grandes. Pero creo que estamos logrando que se interesen en realmente aprender.

¿Cuál sería para ti la clase ideal?
Quiero en mi aula estar comprometida con mi trabajo, quiero estudiantes que sientan confianza conmigo, que sean libres para refutarme, que pregunten, que se respeten entre ellos, que practiquen las normas de convivencia. Que sea un ambiente afectivo, pero también un espacio de aprendizaje. Hay momentos para todo.

El cambio al que más te ha costado adaptarte…
Cuando recién llegué a este colegio, me costaba la puntualidad. Un poco por la distancia a la que vivo, pero también por eso de “la hora peruana”. Recuerdo que una vez fuimos al cine con colegas del colegio. Nos citamos a las 3 pm. Llegué 3 y 10. Siempre recordaré lo que me dijo esa tarde una colega. “La puntualidad es también en nuestra vida diaria, no solo en el trabajo”. Nunca más. Aquí aprendí a ser puntual. Nos lo decía la hermana Patricia. Ser puntual te da tiempo para organizarte. Y ser puntual es llegar, incluso, antes de la hora.

¿Cuál es el momento más feliz que pasaste en un aula?
En los comienzos, la hermana Patricia monitoreaba mi clase. Por ese entonces yo pasaba por un problema familiar. Venía con desánimo, y ella se dio cuenta. Salió del aula y regresó con un lápiz y con un caramelo. Supe que no venía a ver solo mi clase sino también cómo estaba yo. También el llegar al aula y recibir de tus niños un beso, un abrazo, y que te digan “Te considero como una mamá” es algo muy enriquecedor.

¿Qué es lo mejor de trabajar en Fe y Alegría?
Antes de llegar aquí yo había escuchado sobre Fe y Alegría, de la buena labor que hacían. Pero también me decían: “No te fijes en los Fe y Alegría porque las monjitas son bien bravas”. Y yo me preguntaba ¿por qué? Quería tener la oportunidad de conocer, de experimentar. He trabajado en otros colegios y vi la diferencia.

¿Cuál es la diferencia?
Me enamoré de la propuesta porque reflejaba un poco de mi realidad: mis padres vinieron de la sierra a Lima para buscar un mejor futuro para sus hijos. Fe y Alegría es eso. Atiende a la diversidad. Le da la oportunidad a todos los niños y jóvenes del país, de la sierra, selva, de lugares muy lejanos. Es una mezcla de nuestras razas. Me ha ayudado mucho en la parte profesional, a ver también mi lado personal, a ponerme en el lugar de mis colegas… Vivo enamorada de lo que hace Fe y Alegría en el Perú. 

¿Y lo más difícil?
El trayecto. Venir hasta acá. Vivo en Vitarte, demoro hora y media. Y a veces cuando hay tráfico tengo que caminar más de una hora para encontrar un punto desde donde tomar el carro. Ah, y otra dificultad es aprender el inglés (risas). Es uno de mis retos. Tengo la edad que tengo, pero nunca es tarde.

¿Cuál es tu misión en la vida de un estudiante?
No puedo cambiarlo, pero sí darle las herramientas necesarias, prepararlo para que se pueda defender en la vida. Que sepan distinguir lo bueno de lo malo, proyectarse a una vida mejor, pero también devolverle a su comunidad lo que hizo por él y transformarla. Esta comunidad de Jicamarca tiene más de 40 años. Y poco a poco estamos mejorando la forma de vivir. Eso también es educar.

 

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Junio 2017

“En el Perú nos falta honestidad”

 

Luis Aaron Ramírez Colos

Estudiante de 5° de secundaria
I.E. Fe y Alegría 26 – San Juan de Lurigancho

A Aaron le encanta tocar guitarra. “¿Mi tema favorito? Valicha”, asegura. Serio y respetuoso, este joven de 16 años nos cuenta que rara vez ve televisión. Y si lo hace, ve noticias. O fútbol (Es hincha de la U). Estudia en este colegio desde los 6 años. A fin de año terminará la secundaria. Le gusta participar en todo: el coro, el taller de carpintería, campañas solidarias… y en clase, claro. 

¿Participar en clase o copiar lo que te dictan?
Participar. Porque tengo conocimientos que puedo compartir con mis compañeros. Y si estoy mal, los profesores me pueden corregir y así aprender más.

¿Cómo sería el profesor ideal?
Que trate bien a los alumnos. Que sea un amigo más. Para poder compartir ideas, confiar en ellos.

¿Tienes profesores así?
Sí. Hay profes que usan un lenguaje más de amigos, son… ¿cómo le digo? Más chiboleros, más juveniles, frescos. Pero no dejan de ser rectos. Cuando se requiere seriedad hay seriedad, y cuando hay momento de juegos, se juega un poco.

Y si tuvieses que elegir, ¿un profesor recto o uno “juguetón”?
Un término medio. Es que si el profesor es demasiado recto, es difícil. Porque si le tenemos miedo o cólera, no se aprende nada.

¿Qué piensas del bullying?
Que está mal. Cuando una persona daña a otra es porque tiene un problema en casa, o un problema mental y no sabe cómo descargar sus miedos o problemas. Piensa que pegándole a otro ya está más tranquilo. Yo creo que el agresor necesita más ayuda que el agredido.

¿Has visto casos aquí?
Sí, en años anteriores. Y me he metido a ayudar. Siempre se lo hemos comunicado a los maestros y, por lo que veo, el agresor mejora su conducta.

¿En clase conversan sobre la realidad nacional?
Muy pocas veces.

¿Deberían?
Sí. Yo creo que es necesario porque lo que pasa en el Perú también nos afecta a nosotros. Debemos saber qué ocurre y así ponernos más fuertes para exigir.

¿Cuál es el mayor problema de tu localidad?
Aquí en Bayóvar es la delincuencia, los robos, secuestros.

¿Cómo puede la educación solucionar esto?
Formando estudiantes que sean obedientes, buenas personas, con valores.

¿Crees que faltan valores en el país?
Sí, en el Perú nos falta honestidad. También el respeto y responsabilidad.

¿Cómo se ponen en práctica los valores en el colegio?
Ayudando a los demás. En el colegio tenemos la Pastoral extrema, en la que vamos a los cerros, a albergues, a ayudar a los más necesitados, los desolados, llevando víveres, ayudando en hacer tareas… Este año en quinto grado recién me va a tocar esta experiencia.

¿Cuál crees que es el valor que más te identifica?
Soy muy solidario. Y respetuoso.

¿Cuándo fue la última vez que ayudaste a alguien?
Cuando ocurrió lo del huayco nos juntamos un grupo de amigos y fuimos a Cajamarquilla a entregar ropa, víveres, útiles de aseo, agua. Me preguntaron si podía dedicar un tiempo y fui.

¿Los valores te los da la casa o la escuela?
La casa. El colegio ayuda, pero la base principal es la familia, cómo te han criado desde pequeño. Si a ti te han enseñado valores, lo demuestras donde sea.

¿Qué temas se tratan en casa? ¿Sobre qué conversan?
Lo que pasa en el Perú, las noticias.

¿Ves televisión?
Muy poco.

¿Qué ves?
Noticias, fútbol. Pero nada de farándula.

¿Quién es tu mejor amigo?
Mi primo Adrián. Somos uña y mugre (risas).

Los amigos se dicen la verdad. ¿Cuál es la verdad que más te haya hecho pensar y quién te la dijo?
Que sea más responsable. Que aproveche al máximo mientras mis padres estén vivos. Me la dijo mi primo. Y sí, me hizo reflexionar.

¿A qué te vas a dedicar de grande?
Quisiera ser ingeniero. Ingeniero industrial o civil.

¿Qué te ha motivado a estudiar esa carrera?
Yo pasaba por las calles y siempre me preguntaba cómo han hecho ese edificio, cómo rellenan una columna, calcular las medidas… Me gusta todo eso.

¿Cómo quisieras estar de aquí a 20 años?
Quisiera ser independiente, mantenerme yo mismo y devolverle a mis padres lo que me han dado.

¿Qué es lo mejor que han hecho tus padres por ti?
Me han ayudado en todo: estudios, problemas, apoyo, todo. Yo estoy muy agradecido con ellos.

¿Y cómo quisieras ver a tus compañeros en 20 años?
Que tengan un buen trabajo. Que sean emprendedores y, sobre todo, que sean exitosos en lo que se hayan propuesto.

¿Dinero y éxito es lo mismo?
(Piensa) No. Ganar dinero es cómo te mantienes para vivir. Ser exitoso es distinto, es haber cumplido tus sueños. Aunque ganes poco.

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Abril 2017

“La labor de un docente no acaba en el aula”

 

Cristina López Ulloa

Profesora de primaria
I.E. Fe y Alegría 4 – San Juan de Lurigancho

Una voz rompe el silencio en el aula. “Profe, sonría”, grita uno de sus estudiantes mientras Cristina posa para la foto. Se oyen risas. “Un selfie”, grita otro. Son 36 niños y niñas de 5° de primaria. La bulla crece. Con 28 años trabajando en Fe y Alegría esta maestra conserva la calma. Sonríe y les va hablando sin dejar de mirar a la cámara. Hay química. “Somos 37”, nos dice. Se nota.

 

¿Qué es lo primero que haces al llegar al aula?
Siempre empiezo con lo anterior, con lo que dejamos pendiente, programar lo que vamos a hacer…

¿Y si te falta un niño?
Siempre pregunto si saben qué pasó, si dejó dicho algo, y los compañeros a veces traen los mensajes.

¿Hay que interesarse?
Claro. La misión de un docente no acaba en el aula. Siempre hay que ir más allá. Por ejemplo, hace poco un niño que era súper tranquilo empezó a contestar mal, a rebelarse, y yo me preguntaba ¿qué pasó? Empecé a averiguar, hablé con él, con la familia, y me di cuenta que le había afectado que la madre tuviese una nueva pareja. Había empezado a descuidarlo.

¿Qué tanto hay que involucrarse en la vida de los estudiantes?
Siempre tenemos que preguntarnos ¿por qué no aprende? Y entonces hay que ver el lado humano. A veces pensamos que como son niños no tienen problemas. Y ellos también tienen sus problemas, que nos pueden parecer pequeños, pero para ellos son muy importantes.

¿Lo harán todos los docentes?
Tú no eres profesor, eres maestro. El profesor enseña asignaturas, el maestro enseña a personas. Hay que saber con quiénes vive el estudiante, qué hace por la tarde, dónde va, quiénes son sus amigos más cercanos, todo eso en la convivencia diaria lo vas sabiendo. Algunos padres no se interesan, piensan que el niño debe arreglar solo sus cosas.

Como si el colegio fuese un depósito de niños…
Sí, algunas madres lo creen: “Que se arregle solo, ahí le enseñan”. No vienen nunca. “Yo trabajo”, se excusan. Todos trabajamos. Pero tenemos la Escuela de padres. Entonces, si nosotros sacrificamos horas, nos quedamos hasta tarde, ¿por qué ellos no? Si son los padres.

A veces lo olvidamos…
Y tenemos que recordárselos. Yo tenía un niñito que era el séptimo hijo. La mamá ya estaba mayor y ni se interesaba por su educación. Nunca venía. Yo les había enseñado a dos de sus hijos; con ellos sí venía. Así que hablamos y entendió. Tú vieras la cara de emoción del niño en el Día del Logro exponiendo con su mamá ahí viéndolo.

Hay que estar detrás de los padres…
Yo hasta les he hado mi número de celular cuando no pueden venir. “Pero el celular cuesta, profesora”, me dicen. Ya, entonces les doy el fijo, el de casa, y hablamos en las noches. Algunas no pueden faltar a sus trabajos, entonces hay que buscar la manera. Siempre hay que estar en comunicación con la familia.

¿Qué tan compartida debe ser la educación del niño?
Esta es una mesita de tres patitas. Si algo le pasa al niño no es solo el niño, no es solo la maestra, no son los padres: son los tres. Algo estamos haciendo mal si no se da el aprendizaje.

¿Los padres ya lo han asumido?
Sí. Los padres saben que acá se les exige, y se están involucrando más. Reconocen la formación en valores, la preocupación del docente por el alumno. En el otro colegio se trompeaban y los profesores se hacían los locos. Acá no. Porque una persona debe saber convivir con los demás en respeto. Los padres lo valoran. A veces reniegan que estemos detrás de ellos, pero a la larga lo valoran.

¿El profesor llega a ser un segundo padre o madre?
Sí. En realidad, de todo: un enfermero, un amigo, a veces hay que jugar con ellos… Somos su complemento; son tantas horas que pasan con nosotros.

¿Qué necesitan los niños hoy?
Ser escuchados. Y también ser valorados. Lo poco que avanzan hay que reconocérselo. Un “Oye, qué bien”, aunque esté un poco chuequito el trabajo. Eso los hace sentir importantes.

¿Es en esta edad donde se fijan los valores? ¿Sacrificaría horas académicas para reforzar el lado humano?
Sí. Y siempre es necesario. La responsabilidad, puntualidad, compañerismo, la solidaridad: eso tiene que ser ahora. Porque ya en Secundaria es más difícil. Y el juego ayuda. ¡Son niños! Tenemos que aprovechar esta etapa en que estamos juntos siempre, que somos comunidad. Yo siempre les digo: no somos 36, somos 37. El maestro es “parte de”.

¿Qué tan diferentes son los niños de hoy comparados a los de hace 20 años?
Son más abiertos. Estos chiquitos no se callan. Todo lo que quieren te lo dicen. Y son más inquietos, más apurados, hasta más confianzudos: te tutean, te abrazan; y eso es bueno, también.

¿Todos reconocen la labor de Fe y Alegría?
Sí. Mira, siempre tenemos reuniones con colegas de la UGEL. Y a veces nos incomoda que nos digan: “Ustedes trabajan más porque les pagan más”. Y sabemos que no es así. Es el compromiso, es saber que debes dedicar más tiempo, quedarte fuera de tu horario si es necesario…

No se entiende el tema de mística…
Eso se contagia. En Fe y Alegría ves a los demás trabajar, sacrificarse y tú también lo haces; es nuestro trabajo y tenemos que hacerlo bien, entre todos. Eso se aprende acá: no trabajas para ti solo, para tu salón. Se trabaja en equipo.

¿Cuál crees que es tu mayor cualidad como docente?
Soy muy exigente. Y a la primera que exijo es a mí.

¿Y un defecto?
Me cuesta delegar. No confiar en que el otro también lo va a saber hacer bien.

¿Qué es lo más difícil de educar en un contexto como este?
Bueno, acá hay zonas muy marcadas. Los niños ven y te cuentan sobre la droga, la bala, la delincuencia… Y ese entorno los marca. Algunos ven algo tirado y se lo quedan. “No es tuyo”, le digo. “Pero no es de nadie, estaba en el suelo”, te responden. Entonces hay que ir trabajando estos temas de respetar los derechos del otro. El otro es igual que tú.

¿Y la mayor recompensa?
(Se ríe) Este es un trabajo muy sacrificado, nos demanda muchas horas. Pero que un chico ya grande, en Secundaria te salude, se acuerde de ti, un “Hola” a la distancia, es suficiente. A mí se me salen las lágrimas cuando viene un exalumno a matricular a su hijo. Confían en lo que le damos, y vienen trayéndote lo más maravilloso que tienen: sus hijos. Qué lindo es eso.

Es un agradecimiento que no termina…
Siempre me voy a acordar de un niño que no tenía a la mamá. Vivía con el papá, los abuelos… Y al terminar sexto de Primaria se acerca y me dice: “Gracias por haber sido mi mamá”. (Los ojos de Cristina se ponen vidriosos).

¿Eso paga toda la carrera de maestra?
Sí.

 


Marzo 2017

“Si estuviésemos educados, no tendríamos estos problemas”

 

Hna. Marleny Bardales Raymundo

Directora
Red Rural Fe y Alegría 48 – Malingas, Tambogrande (Piura)

Fue en Chacas (Huaraz), ayudando a niños y jóvenes víctimas del terrorismo, que Marleny decidió dejar todo: trabajo, familia, planes de matrimonio… “La pobreza y dolor que vi marcó mi vida”. Corría el año 1994. Tres años después, ingresaba a la Congregación de Notre Dame para poder trabajar por los más vulnerables. En 2002 llegó a Malingas, Tambogrande, como docente de literatura, y en 2009 fue nombrada directora de esta red rural. Hoy, una nueva emergencia (el fenómeno de El Niño en Piura) la convoca. No desmaya. “Es el amor lo que me empuja”, asegura. 

¿Este es tu mayor desafío como religiosa?
Sí, es el momento más desafiante. Es doloroso ver el sufrimiento de la gente, de mi pueblo… mi familia, como yo la llamo. No me imaginé estar en una situación así. Pero al mismo tiempo es una experiencia que va marcando desde el amor. Porque se siente el amor de mis docentes, entre ellas mismas, ellas con el pueblo. Y a pesar de las dificultades siempre se está dando una respuesta.

¿Cuánto se puede hacer?
La idea era acompañar a nuestra gente. Te entran llamadas de los caseríos que están aislados. “Hermana, ya no tenemos medicinas”, “Hermana, los niños no tienen comida desde hace días”. Y nosotros sin poder pasar a los caseríos por el desborde de las quebradas. Solo con helicóptero se puede. Entonces llamas a las autoridades a pedir ayuda y empieza el choque… (La voz de Marleny se entrecorta).

Nunca tan vulnerables, ¿no?
Hay más de 168 familias que lo han perdido todo. Están albergados en el terminal de buses. Llegar ahí fue muy impactante. Era la primera vez que veía tantas personas en un refugio. Niños, niñas y jóvenes; el comedor común, las carpas, gente que se acercaba a pedir que les den espacio pues no tenían dónde ir…

Es gente que perdió todo…
Los niños te lo dicen. “Yo tenía mi casa. De esteras, pero era mi casa”. “Yo podía tomar el agua que quería. Si quería tomar dos vasos, tomaba dos vasos. Ahora me dan un vaso pequeño y sigo con sed”. Te vas encontrando con realidades fuertes.

Y conmovedoras…
Hace poco cuando llegué, un niño corrió y me dijo: “Llega la hermanita de los abrazos”. Y pidió su abrazo. Y no me dijo nada más. Pero cuando los abrazo siento que se sienten fortalecidos. Y yo me siento fortalecida con sus abrazos. Y ayer una niña de seis años me jala del brazo y me dice al oído: “¿Quieres ser mi madre espiritual?”

¿Cómo los están ayudando?
Vamos todos los días al terminal. Si los chicos no tenían para comer, salíamos a buscar un pan, algo que ayude. Desarrollamos actividades lúdicas para el manejo de emociones. Me di cuenta que los niños corrían cuando llegábamos, abrazan a las profesoras, me abrazan, algunos con sus ojos llorosos. Era el momento de escuchar. Ese primer día fue escuchar, escuchar y escuchar.

¿Es más urgente la ayuda emocional?
Las emociones son un elemento importante que permiten o hundir al ser humano o levantarlo. Para mí es lo esencial que debe hacerse ahora. Las cosas materiales la gente la está dando. Y creo que es suficiente si se sabe administrar bien. Sin embargo, me preguntaba: ¿Quiénes están viendo la parte emotiva de estos niños, de estos jóvenes metidos en un refugio? Son carpas pequeñas, entran ocho o nueve personas; todos ahí amontonados, expuestos a tantos peligros.

¿Qué tan importante es el juego en situaciones así?
Ayuda mucho. Lo estamos haciendo de manera empírica pues no tenemos estudios de psicología. Sin embargo estamos allí, escuchando a los niños y niñas, los niños juegan con sus profesoras… es una forma de ir canalizando el miedo, la frustración que llevan dentro.

De hacer el duelo…
Se necesita trabajar el tema de duelos. Yo creo que la única manera de tomar conciencia es tocar la llaga, tocar la herida. Si tenemos la parte emocional débil, no vamos a lograr nada. ¿Cómo tener este equilibrio necesario? Luego te das cuenta que no solo son ellos, los profesores que te acompañan también están afectados.

Difícil sanar estando enfermos, ¿no?
Seamos realistas. Los docentes no estamos preparados para asumir esta responsabilidad. Nosotros mismos necesitamos apoyo externo para ser soporte de los demás, buscar profesionales que nos ayuden a ir sanando heridas. Porque hay heridas fuertes. Mis profesoras sí necesitan un apoyo profesional en la parte de emociones. Yo misma tengo mi terapia. La hago vía Skype con una especialista. Porque si quiero apoyar a los demás, yo tengo que estar bien.

¿Cómo trabajar las emociones?
Si se va a trabajar emociones, debe entenderse que es un trabajo a largo plazo. No es algo efímero solo por cumplir normas del Ministerio. Si los docentes no tienen ayuda, ¿cómo ellos van a ayudar a los demás? Que haya talleres para que ellos luego lo repliquen. Hay tres profesoras que perdieron sus casas, perdieron todo. Las tres están en un albergue. ¿Cómo voy a pedirles que hagan su trabajo de campo con los niños? Es imposible.

¿Estaban preparados?
No estábamos preparados. La población, las autoridades, nosotros como Fe y Alegría tampoco… Las viviendas más dañadas están construidas en zonas vulnerables, sí. Pero, entonces, ¿dónde ubicar a esta población? Es gente que ha salido del campo para mejorar sus expectativas de vida.

¿Qué tanto influye la educación en una emergencia así?
La educación es básica. Si un pueblo no conoce cuáles son sus derechos, está vulnerable para ser engañada y manipulable. Me da pena, cólera que algunos aprovechen este momento en que se ve el dolor del pueblo para hacer propaganda política. Hay que educarlos en autonomía. Que emitan sus opiniones, criticas, análisis, saber mirar lo que pasa…

Formar ciudadanos…
¡Que no nos quiten la dignidad! Eso es lo que debemos trabajar como Fe y Alegría. A mí me cuestiona mucho que vengan y me digan: “El niño, la niña tiene que saber esto y esto en matemáticas y comunicación”. ¿Y para la vida? ¿Qué estamos enseñando? Lo que debemos enseñar es lo que necesitan para la vida. La educación no es solo un derecho, es hacer justicia. Y sobre todo a los más vulnerables. La educación tiene que desarrollar mentes y conciencias capaces de generar cambios en la estructura social.

¿Y estamos formando para la vida?
Es lo que me cuestiono. ¿Qué estamos haciendo en las escuelas? ¿Cómo estamos educando a esas nuevas conciencias? ¿Qué es lo que queremos lograr? Es justo ahora, en esta coyuntura, dolorosa, que debemos aprovechar y preguntarnos: ¿Qué necesitamos, qué debemos hacer, qué perfil de docente necesitamos, qué sueñas tú, cómo quieres ser tú, cómo quieres que sean tus niños? ¿Está la escuela respondiendo a los más vulnerables, está generando pensamientos críticos para, por ejemplo, cuestionar a las autoridades?

¿Todo pasa por la educación?
Es la única capaz de transformar. La educación ayuda a no tomar el papel de víctima, sino el rol de protagonista. Tú estás llamado a construir desde lo más bajo que hayas podido llegar. Porque llega un momento en que la población cree que ellos son los pobrecitos y que es su derecho que los que tienen más están obligados a darles. Me alegran las donaciones. Pero me preocupa cómo Fe y Alegría lo va a manejar para no caer en asistencialismo. Tenemos que generar en la gente la responsabilidad: “Te damos ¿y qué vas a dar tú?. Para ti mismo. ¿Cómo vas a salir adelante?”

Con un pueblo educado, ¿esto no pasaba?
No tendríamos estos problemas. Porque el pueblo hubiera exigido, con derecho, que las autoridades hagan lo que tienen que hacer. Si estuviésemos bien educados, nosotros mismos pediríamos al Ministerio o Defensa Civil: “Necesitamos estar preparados porque vivimos en zonas vulnerables”. Mira, si tuviéramos un puente que nos comunicara entre Tambogrande y Malingas, y un buen puente entre Piura y Tambogrande, y uniendo Piura y Chiclayo, no estuviésemos viviendo esto. ¿Acaso afuera la gente pasa por lo que pasamos acá? Lluvias hay en todos lados. Pero están preparados. No es para que estemos así.

Muchos dirán que así es la naturaleza, es lo que nos tocó…
Cuando escucho la palabra resignarse me preocupa. “Bueno, hermana, si Dios lo quiere así”. “Bueno, qué vamos a hacer”. Estamos en una suerte de buscar un responsable superior al ser humano para justificarnos o tranquilizar nuestras conciencias. Y yo creo que esa mentalidad hay que cambiarla. Los niños en el terminal me dicen: “Dios está molesto porque las personas nos portamos mal”.

¿Es una cuestión de fe?
Esa mentalidad es la que la misma iglesia ha ido vendiendo. Hasta nosotras como religiosas hemos pecado en eso. Y no se trata de esto. Que la religión no se convierta en un ente que adormece las mentes. Tenemos que ser generadores de vida, de creatividad, de decir: “Oye, no le eches la culpa a Dios, él no tiene nada que ver en esto. Los responsables somos nosotros”. Lo que estamos viviendo es porque nosotros lo hemos generado.

“Pero contra la naturaleza” no se puede, se dirá…
Con una población educada los riesgos disminuyen. Se puede convivir con ríos, salidas de quebradas… La pregunta es ¿qué tanto nuestras autoridades están dispuestas a abrirles las mentes y decirles “si construimos con este tipo de estructuras, si hacemos este tipo de edificios, no vamos a vivir estas consecuencias”?

Difícil, ¿no?
Pero hay que aprender a decir las cosas. Cuestionar a las autoridades: “¿Por qué estás en este cargo? ¿Para qué? ¿Qué buscas? Yo sé qué es lo que tienes que hacer, cuál es mi derecho, y si tú no ejecutas lo que tienes que hacer, yo te lo voy a reclamar”. El que se da cuenta de algo malo, que no se quede callado. Que hable. Si me callo, sigo contribuyendo a formar un Perú desde la falsedad, desde el robo, desde la coima… Todo pasa por la educación.

¿Cuál es la mayor enseñanza de todo esto?
Sigo aprendiendo a amar. Amar y servir. El gran premio Nobel que puede ganar un ser humano es el que están ganando mis docentes, varones y mujeres, en el terminal. Amar y servir.

De una u otra manera, aun a la distancia, todos estamos heridos. ¿Cómo ayudar?
Es complicado. Pero una mirada, un abrazo hace mucho. Una simple palabra, recibir un mensaje por el whatsapp… Da gusto cuando te llega una carita guiñando el ojo, una mano rezando o mandan algún mensajito. Yo se los enseño a los chicos, las profesoras, y se alegran. “Están pensando en nosotros”, les digo. Yo sí siento cercana a la gente de la Oficina Central, sus saludos, sus mensajes…

Las emociones, ¿no?
Son cositas que te animan. No hay que esperar a hacer grandes cosas. Esos pequeños detalles son los que van construyendo el gran muro de la solidaridad, del amor, que te fortalece. Y aunque se salga el río, no va a derrumbar ese muro. No lo va a derrumbar.

 


Febrero 2017

“Los niños necesitan espacios de amor”

 

Julio Paredes Gallo

Director
Red Rural Fe y Alegría 47 – Iquitos

Estudió en Fe y Alegría 17 de Villa el Salvador. Hace 19 años llegó a la selva. Ahí conoció a su esposa, docente como él, con quien tiene tres hijos. Como director de la red, Julio pasa su tiempo entre la DREL, UGEL, viajando para visitar 34 instituciones educativas, atendiendo a las comunidades, a los padres y madres de familia…  Se distrae cocinando. Su plato favorito es el lomo saltado. “Sí, ya sé que no es muy regional”, nos dice entre risas. 

¿Por qué escogiste la selva?
Yo me crié en Lima, Conocía Chachapoyas, que es ceja de selva. Pero yo buscaba una experiencia así, rural, en la selva.

¿Y encontraste lo que buscabas?
Yo me hice profesor pensando en ser maestro de Fe y Alegría. En el 97 vine a Iquitos, justo cuando se abría el proyecto de educación rural. Empecé como profesor en el agropecuario El Milagro. Y desde hace siete años soy director de esta red.

¿Cuál es tu responsabilidad con esta comunidad?
Creo que mi función principal es animarlos para que cada uno cumpla su rol. Los padres de familia, por ejemplo, son más conscientes de la importancia de la educación y ejercen una vigilancia ciudadana del trabajo educativo. También hay que garantizar que haya permanencia de los estudiantes.

¿Y hay ahora más niñas en la escuela que antes?
Ahora, sí. En primaria casi es 50 %. En secundaria tenemos más dificultad pues hay un inicio temprano en la formación de familia, las necesidades económicas, el trabajo infantil…

La prioridad es el dinero del momento…
Sí. Por eso, con los padres y autoridades trabajamos talleres, promovemos la matrícula oportuna, visitamos los hogares.

¿A qué aspira hoy un joven aquí?
Mira, ahora los chicos tienen mayores expectativas que antes. Quieren tener estudios superiores y  a nosotros nos toca encaminar esas aspiraciones. Son cada vez más los jóvenes que proceden de nuestras escuelas que se inscriben en las carreras del Instituto (Agropecuaria y Guía oficial de turismo). Aunque también hay chicos que aspiran a la universidad: el año pasado 18 chicos ingresaron por Beca 18.

¿Ya no se piensa que en Lima está todo?
Existe esa idea, pero creo que ya no tanto. El sueño de los chicos es, sí, salir de sus comunidades y desarrollarse como profesionales, pero contribuyendo al desarrollo local.

Fe y Alegría educa para transformar. ¿Ustedes lo han logrado? ¿Qué cambios positivos han promovido en la zona?
Bueno, nosotros trabajamos mucho con las autoridades locales, con directivos de las APAMAFAs. Eso ha ayudado a que se involucren, los padres son más conscientes de la importancia de la educación y por lo tanto ejercen una vigilancia ciudadana del trabajo educativo y aportan también al desarrollo de la gestión escolar a través de las reuniones, eventos articulados que movilizan a la comunidad. Lo hemos logrado, pero es un trabajo permanente.

¿Cuál es la mayor dificultad de dirigir un Fe y Alegría?
La dispersión, las limitaciones en infraestructura. Y el tratar de animar a los profesores para que vengan a la zona rural. Lo más fácil es quedarse en la ciudad. Cuesta mucho. Además, aquí tenemos una doble imagen.

¿Doble imagen?
(Risas) Es que hay quienes piensan que somos los ogros explotadores, que exigimos mucho a los docentes, que fiscalizamos su trabajo. Pero una vez que nos conocen ya aparece la otra imagen: la del que te ayuda a progresar, que espera más de ti, te acompaña, te orienta y anima.

Para conocer esa otra imagen tienen que quedarse…
¡Claro! Algunos profesores nos cuentan que cuando les dijeron Fe y Alegría dijeron: “No, allí no voy; no nos dejan descansar, nos dan muchas actividades”. Pero cuando llegaron aquí se dieron cuenta que el trabajo les ayudaba hasta a planificar su propia vida. Los acompañamos integralmente, no solo en el ámbito pedagógico, sino también humano y profesional. Al final, lo agradecen.

¿Qué virtudes debe tener un profesor de Fe y Alegría?
Un maestro de Fe y Alegría debe ser una persona llena de vocación; de ese llamado a servir a los niños y niñas con esa alegría, dinamismo, creatividad. Debe ser muy observador y conocedor de la realidad de sus estudiantes. Que sepa ver en los obstáculos y sus limitaciones una oportunidad para retarse a sí mismo.

De esos maestros tendrás muchos…
Nuestros maestros están totalmente comprometidos: vienen así llueva, haya barro, lo que sea.

¿Qué es más importante en un maestro? ¿Aptitud o actitud?
Las dos son importantes. Pero sin duda la actitud va a hacer que el maestro, consciente de sus limitaciones, pueda terminar de formarse, buscar oportunidades para suplirlas. Pero la actitud es lo fundamental: que tenga esas ganas, ese deseo de entregarse con entusiasmo, con esperanza, con fe que con ese trabajo está contribuyendo al desarrollo de una persona y de una localidad.

¿Y cuál es la mayor satisfacción de dirigir un Fe y Alegría?
Lograr que los niños culminen sus estudios. Encontrarte con chicos que ya trabajan, con familia, y que te dicen que el colegio les dio las capacidades para afrontar la vida y ser ciudadanos de bien. Eso es una gran satisfacción.

¿Qué necesitan los niños de hoy?
Necesitan espacios de cariño, de amor, donde se sientan acogidos, escuchados y atendidos en sus necesidades básicas. Tener una familia buena, un entorno saludable, una sociedad que los atienda y los quiera. Principal condición para que un niño pueda desarrollarse.

Una educación de calidad con equidad ¿es posible en un país como el nuestro?
Yo creo que sí. Estamos llamados a hacerla posible. Fe y Alegría es un ejemplo. Es posible, pero es a la vez un reto.

Casi veinte años. ¿Adaptado ya a la selva?
Sí. Siempre recuerdo una anécdota de esos primeros días, cuando recién había llegado. En una clase de religión quise hacer una dinámica con piedras que representaran cada una un libro de la Biblia. Les pedí a los chicos que salieran y me traigan piedras. Pasaba el tiempo y no volvían. Es que aquí en la Amazonía ¡no hay piedras! Tuvieron que traerme pepas de aguaje. Cuando llegué, no conocía Iquitos. Pero uno va aprendiendo de esas cosas, se va adaptando.

¿Y ya lo has hecho? ¿Eres un loretano más?
(Piensa) Más o menos.

 


Enero 2017

“Lo que se hace con amor sale”

Hna. Rosa Pérez Castillo

Directora
Red Rural Fe y Alegría 79 – Acobamba, Huancavelica

Hija de la Caridad de San Vicente de Paul desde 1985, Rosa llegó a Acobamba en 2009. Dos años después uniría su carisma al de Fe y Alegría. “Compartimos misión: estamos aquí por los pobres”, asegura Sor Rosa, como la llaman todos. Dirige esta Red rural desde su fundación, cuando casi nadie quería a Fe y Alegría en el pueblo. Nunca perdió la fe. Ni la sonrisa. Cuando está tensa pone cumbia. “Bailando se me pasa todo”. 

¿Por qué religiosa?
Al ingresar a la universidad para estudiar educación, un sacerdote me invitó a un retiro. Tanto insistía que acepté ir. En ese retiro él pide la palabra y le dice a la hermana encargada: “La señorita Rosa quiere ser hermana de la Caridad”. Yo, sorprendida. Ni en mis sueños estaba el ser religiosa.

¿Y cómo así te quedaste?
Sor Dulce, la hermana encargada del retiro, “me lavó la cabeza”. Salí convencida que era mi vocación. Pienso que el Señor se vale de muchas circunstancias. Y de personas. El 24 de abril de 1985 ya estaba ingresando… ¡a las 11 de la mañana!. Gracias a Dios, no me he equivocado. Soy feliz, me siento realizada.

¿Cómo fueron esos primeros días de Fe y Alegría en Acobamba?
Hubo mucha resistencia. Había mucho miedo y desconfianza. Sobre todo, de los maestros. Ese 2012 para mí fue una guerra. Íbamos a un colegio y nos cerraban la puerta. ¡Hasta el SUTEP salió en contra de la presencia de Fe y Alegría!

¿Y qué decían?
Que van a privatizar las escuelas, que Fe y Alegría exige mucho, que va a haber despidos masivos… Y la gente creía. Es que en la zona rural el maestro influye mucho. Fue muy duro. Yo les decía: “Si esta obra es de Dios, va a salir adelante. Y si es obra del diablo, el mismo diablo la va a destruir”.

¿Y ahora?
Ellos mismos me dicen: “Hermana, sí había sido obra de Dios, ¿no?” Es que lo que se hace con amor y en bien de los demás sale. Hoy tenemos las puertas abiertas. Y los maestros, súper involucrados

¿Y cómo lo lograste?
Tuve que conquistarlos. A mi equipo le dije: vamos a hacer algo que nunca se ha hecho acá. Vamos a darles capacitación. La UGEL no nos dio permiso, así que tuve que irme a la DREL. Me dieron el permiso, pero en la UGEL me decían que era por gusto. “Los profesores no van a venir, hermana”, me decían.

¿Y fueron?
Lleno total: 220 maestros. Toda una semana de formación.

¿Todo cambió desde ahí?
Santo remedio, hermanito. Todo cambió. “Pase, hermanita”, nos recibían muy bien en las escuelas. “¿Cuándo tenemos nuestra capacitación?”, preguntaban. Y cada año, en marzo, hacemos su capacitación. Nadie se queja del horario. Si es hasta las 8 de la noche, se quedan sin problema.  Es que el maestro necesita sentirse valorado, importante. “Yo soy Fe y Alegría”, dicen ahora.

¿Cuál es el principal aporte de Fe y Alegría en la zona?
Ese. Lograr que el maestro quiera su quehacer educativo. También, el reconocimiento del pueblo. No ha sido fácil, pero si trabajas con las autoridades, todo se mueve. ¡Mira tú! No me he casado para no tener que conquistar un hombre y ahora tengo que conquistar cuatro alcaldes (risas).

Y los niveles de aprendizaje, ¿han mejorado?
Yo diría que entre cómo estaban y cómo estamos ahora, hay un 65 % de mejora en nuestras instituciones educativas. Mira, en la última evaluación que se hizo en la región, de las cinco escuelas premiadas por las mejoras en su desempeño tres son de Fe y Alegría. ¡Imagínate!

¿Y a qué se debe?
Nuestro brazo derecho es el maestro. Nuestros maestros han hecho pasantías en oíros colegios de Fe y Alegría. Por ejemplo, la experiencia de bibliotecas que han recogido ha ayudado muchísimo. Las TICs. Hoy hay niños que expresan lo que sienten. Sin temores. Saludan. Hubo que hacer una campaña del saludo porque llegabas y te miraban como con desconfianza, con temor. Hoy han ganado en autoestima.

¿Hay trabajo infantil en la zona?
Si bien no es igual que en la zona urbana donde vemos a los chicos vendiendo caramelos, lustrando zapatos, también se da. Cuando la mamá va a la chacra, si son mujeres, las niñas tienen que quedarse a cocinar, a cuidar a los hermanitos menores. Y cuando es época de siembra o de cosecha, hacen faltar a sus niños. Los varoncitos se van a echar la semilla, ver los animales… Sobre todo en esas épocas faltan mucho.

Todos tienen que producir…
En enero, en febrero, no hay niños, no hay adolescentes. Nos dicen que salen a obtener su dinerito para poder comprar sus útiles escolares. Desde la familia se impulsa eso. Y ya vienen luego con otras cosas, modernidades, inquietudes…

¿Y a dónde van? ¿Qué hacen?
Salen a Ayacucho, la selva de Huanta. Te dicen: “Me voy a cosechar café”. Pero algunos niños, cuando les preguntamos, nos dicen al volver lo que ya sospechábamos: “Me he ido a pisar coca”. Es que de pronto, algunas familias, pocas, aparecen con unas camionetas… ¡Dios mío! ¿Y de dónde? Ni vendiendo los cuatro o cinco toros que tienen…

¿Y cómo contribuye Fe y Alegría a cambiar esto?
Desde un inicio. Si no venían, íbamos a sus casas. “Señor, ¿Por qué no ha enviado a su hijo a la escuela?” Los hemos ido concientizando sobre la importancia de que el niño asista a la escuela. No pueden suplantar una labor de cocinar o sembrar, faltando. Educarse es un derecho. Hemos trabajado con autoridades, con padres de familia. Ahora es mínimo el porcentaje de alumnos que faltan por ese motivo.

¿Cuál es el principal problema de Acobamba?
La falta de oportunidades. Para los maestros, pues solo está la Universidad de Huancavelica, que ofrece agronomía. Para formarse tienen que viajar a Huancayo, Ayacucho, Lima. Y para los jóvenes. Aquí no hay fuentes de trabajo.

¿A qué aspiran estos niños y jóvenes?
Quieren ser doctor, policía… Sueñan. Pero yo te digo: es imposible para sus papás llevarlos a estudiar. Cuando ya son conscientes del tema económico te dicen que quieren ser mecánicos; las chicas, enfermeras. Pero es difícil. De 100 jóvenes quizá uno o dos logren tener alguna carrera.

¿Y tú cómo quisieras verlos?
Realizados. (Sonríe emocionada) Me dan pena. Porque son niños que tienen muchas habilidades que tendríamos que explotar. Son jóvenes con un corazón limpio. Quisiera que sean profesionales. Me gustaría hacer un convenio con Senati para que los chicos de quinto de secundaria y los exalumnos estudien algo, que sean electricistas. Allá no hay un gasfitero, un electricista… son peones. Por ahí, conseguir algo de corte y confección. Algo haremos.

¿Y cómo quisieras ver a la red en unos años?
Identificados, involucrados. Nadie es indispensable. Yo he preparado gente. Tengo un equipo multidisciplinario, líderes en cada escuela que saben cómo trabajar. Yo les he dicho a mis superioras: “Esté yo o no, esto ya camina”.

Vas a extrañar…
¡Uy! El día que me saquen de Acobamba voy a llorar mucho. Ya estoy preparando mis pañuelos. Pero también soy consciente que me he consagrado al Señor y no a las personas o instituciones. Lloraré desde que salga en el bus, pero al llegar a mi nuevo destino empezaré de nuevo.

 


Octubre 2016

“Ser periodista es darle voz a la gente sin voz”

 

entrevista-octubre

Katerine Puma Moncca

Exalumna
I.E. Fe y Alegría 23 – Villa María del Triunfo

Katerine (21) cursa el sexto ciclo de Periodismo en la Universidad Antonio Ruiz de Montoya. Ahí, en un descanso entre clases, esta joven aficionada al cine y al seco de carne nos habla de su carrera, del éxito… y del colegio. Egresó en 2011. Ahí llevó el taller de Industria del vestido. Dice que no le gustaba mucho, pero le sirvió. “Si hay algo por remendar, ya no visito a la costurera”. 

¿Qué es lo que más extrañas de Fe y Alegría?
La pastoral. ¡Me gustaba mucho! A mí la pastoral me ha ayudado mucho. A desenvolverme como persona porque antes yo era súper tímida. En cierta forma, además, me liberaba y me permitía conocer a mucha gente, de otros colegios, de otras edades, de otras regiones, de otras realidades…

El profesor que más recuerdes y porqué
Edith Olivares Manrique. Ella era súper dinámica; tenía mucho carácter, pero a la vez era muy buena persona. Ella enseñaba literatura, nos motivaba a leer mucho. Ahí leí Edipo Rey. Entrando a la universidad volví a leerla y me acordé de ella.

¿Qué te dejó más el colegio: amigos o valores?
Valores. Y experiencias. Con mis amigos nos comunicamos poco, pero lo que siempre recordamos es la Festidanza. No te miento: participaban todos los alumnos. Por más que fuesen los más vagos, todos se desvivían por ensayar y participar en el festival. Y ganar. Los padres de familia con las vestimentas, los exalumnos… ¡todos se involucran!

¿Sueles ir?
Voy casi siempre. Es que es chévere porque te encuentras con todas las promociones, y todos se acuerdan su última danza…

¿Cuál fue tu última danza?
Turcos de Cacharpari.

¿Cuál es la principal “arma” que te dio Fe y Alegría para competir?
Aprendí a no tener miedo de tener y dar una opinión diferente a la de los demás. Y la empatía. Saber que tu realidad no era la única, ponerte en el lugar del otro.

¿Y en qué aspectos crees que falta poner más énfasis?
Masificar programas donde interactúes fuera del aula. O sea, a mí me ayudó el estar en danza, en la pastoral, participar en algún Congreso, algún taller… Los temas de libertad, ciudadanía, confianza, los aprendí interactuando con otras personas. Pero por colegio van pocos, quizá cinco. ¿Y los demás? A los que solo van del colegio a casa les termina faltando algo.

¿Y de la currícula? ¿Qué se puede mejorar?
Incluir más filosofía, pensamiento crítico. Y hacer más dinámicas las clases. En casi todas las escuelas estatales la profesora va adelante y los alumnos atrás, copiando; algo muy vertical… cuando puede ser tipo mesas redondas, con el profesor en medio y los alumnos alrededor, charlando, interactuando. La “lluvia de ideas” en el colegio casi no existe.

¿Un egresado de escuela pública puede competir con estudiantes de otros colegios?
Se puede, pero es complicado.  Yo llevé un ciclo de academia y por eso no me chocó tanto la universidad. Creo que en la escuela juntan muchas materias y terminan enseñándote cosas muy básicas.

¿Por qué periodismo?
Yo quería estudiar audisovisuales. Pero poco a poco me fue gustando la carrera, sobre todo por el enfoque social que le dan aquí: tú no vas a estudiar periodismo para salir en la tele o ser famoso sino para darle voz a la gente que no tiene voz. Y ser un traductor de temas complicados para la gente de a pie.

¿Cuál es la misión de un periodista en un país como el Perú?
Reducir esa brecha informativa, democratizar el acceso a la información de las minorías. Y que no banalice el oficio periodístico con cosas que no son noticia.

¿Y esa banalización no será por presiones, por temor a perder el empleo?
Creo que era así antes. Pero ahora si tú no quieres seguir una línea editorial que va en contra de tus principios y de todo lo que aprendiste en la universidad, tienes bastantes salidas. Puedes tener un blog, un canal digital, trabajar en ONGs, ser referente informativo en temas que no se tratan mucho como lo cultural, defendiendo minorías, etc.

¿Y cómo conjugar los principios y lo económico?
Claro, de algo hay que vivir. Pero es que mucha gente dice: “Voy a estudiar periodismo, voy a ser famoso, voy a tener mucha plata”. Y no es tan así. Muchos ganan dinero y se sienten exitosos, pero haciendo cosas no éticas, y dándole una mala imagen al periodismo.

¿Éxito es igual a plata?
No. Yo pienso que éxito es poder dormir y pensar: he hecho un buen trabajo. Sentirte feliz por lo que has hecho. Un periodista lo único que tiene es su credibilidad y su nombre.

 


Setiembre 2016

“Para estudiar nunca es tarde”

 

entrevista-setiembre

Vanessa Higinio Morote

Egresada
Instituto Radiofónico Fe y Alegría  – IRFA

A Vanessa (38) le encanta el cebiche, el baile… y el fuego. “Desde niña jugaba a los bomberos. Además, siempre me ha gustado apoyar”, nos dice esta joven madre de familia. Vive en Pachacútec (Ventanilla). Pese al prejuicio y a las dificultades propias de estudiar siendo adulta, logró terminar su secundaria gracias al IRFA. Está orgullosa. Ahora ya es bombera y en poco tiempo empezará a salir a emergencias. 

¿Por qué dejaste de estudiar?
No tenía apoyo de mis padres. Ellos se separaron y me chocó. Me fui a vivir con mi papá, y entré en rebeldía. ¿Para qué sirven los estudios?, me decía yo misma. Y pasaron los años.

¿En qué grado te quedaste?
Sexto de primaria.

¿Y cómo decidiste retomar los estudios?
Yo estaba resignada. ¡Qué voy a estudiar a mi edad!, pensaba. Hasta que nacieron mis hijas. Y llegaron las tareas. “Mamá, ¿cuánto es 9 x 9?” O las divisiones. Y yo no sabía qué responder. Me daba vergüenza.”No me acuerdo, hijita”, decía.

Y apareció el IRFA…
Me acuerdo que una señorita estaba volanteando. Me preguntó si quería estudiar. Yo siempre ponía pretextos: no voy a poder, mis hijas… Pero esta vez no lo pensé y dije sí.

Tus hijas fueron el estímulo, entonces…
Sí. Pero también por mí. Mi ilusión era ser bombero. Recuerdo que cuando me fui a presentar a la unidad de Ventanilla me dijeron que necesitaba documentos. Y yo no había terminado el colegio. Era claro: si yo quería lograr algo en mi vida, tenía que terminar mi secundaria.

¿Ese prejuicio de la edad te lo hacían sentir los demás?
Sí. Vecinas, amistades me lo decían: “Ya no estás en edad de estudiar. ¡Ya para qué! Anda cuida a tus hijas, ponte a trabajar”.

¿Qué les dirías tú ahora?
Que estudien. Porque con el tiempo me enteré que muchas de esas personas no habían culminado sus estudios.

Nunca es tarde…
Nunca. Para estudiar no hay edad. Yo terminé a los 35. Y me siento feliz. Por mí, por mi familia. Mi esposo se había quedado en 2do de secundaria y yo lo motivé a retomar sus estudios. Él me decía “¿Para qué voy a estudiar? Ya estoy viejo”. Y mire, acaba de terminar su secundaria, también en el IRFA.

¿Qué fue lo más difícil de estudiar a esta edad?
Me chocó la secundaria. En 3ro ya quería tirar la toalla, se hacía cada vez más difícil. Además, tenía que dividirme en cuatro: ir al colegio a hacer las faenas, cocinar, atender a mi esposo, a las chicas, lavar la ropa, ir al mercado… y encima estudiar. Pero mis profesoras me convencieron de seguir. Sor Gloria (directora de FyA 76) me ayudó mucho. “Persevera, Vanessa”, me decían siempre. Ahí dije: “Yo puedo”. Y ya no paré.

Y cuando terminaste tu secundaria, ¿qué hiciste?
Estaba súper feliz. Se lo contaba a todos. Inclusive lo publiqué en el Facebook. Colgaba las fotos y mis contactos me felicitaban. Es que yo estoy muy orgullosa de lo que he logrado. Y, claro, regresé a la Compañía de Bomberos (B207 José Olaya). E ingresé. Ahora soy bombero alumno. Y ya espero salir a emergencias. Me faltan seis meses.

¿Cuánto te ha ayudado el concluir tus estudios?
Mucho. Ya puedo ayudar a mis hijas en sus tareas, logré animar a mi esposo a estudiar. Siempre aconsejo a los chicos, a las personas, que estudien, poniéndome como ejemplo, con todo lo que he pasado. También hay vecinas que vienen a casa a que las ayude pues ahora están estudiando.

¿Las que te “aconsejaban” no estudiar?
Mire, a esas malas vecinas que se burlaban yo las he “rescatado”. Están estudiando en el IRFA. Y sigo buscando personas para que terminen sus estudios. Quiero que más gente salga adelante.

¿Crees que alguien sin estudios se siente bien?
No. Cuando uno no ha estudiado tiene la autoestima muy baja. Te sientes menos que los demás. Pero cuando terminas de estudiar sientes un orgullo muy grande. Ya no eres la misma persona, es un cambio total el que das.

¿Y cómo es la nueva Vanessa?
Gracias al estudio, ahora sé cómo hablar, sé pararme frente a las personas, a dialogar… con confianza. Yo he aprendido mucho del libro que tenemos en IRFA. Te enseñan no solo conocimientos sino cosas de la vida.

¿Te cambió la vida?
Totalmente. Me cambió la vida. Y como siempre repito: me siento orgullosa y muy feliz en IRFA Perú.

 


Agosto 2016

“Yo siempre quise ser cocinero”

 

entrevista agosto

Denys Ulloa Ordás

Estudiante de Administración de hoteles y restaurantes (3er ciclo)
I.S.T. Fe y Alegría 57 – Trujillo

Natural de Cajamarca, Denys (25 años) llegó a Trujillo detrás de un sueño: ser un gran cocinero. Ahí entendió que necesitaba un método. Por ello será administrador de hoteles y restaurantes. Como parte de su aprendizaje, esta noche hace de mozo en ‘El Señorial’, restaurante escuela del Instituto Fe y Alegría 57. “Aprendemos haciendo”, nos dice mientras observa a un compañero atender una mesa. 

¿Los clientes saben que los atienden estudiantes?
No todos. Unos, al ver el nombre Fe y Alegría, dudan y preguntan: “¿Y son los alumnos los que cocinan?” “¿Pero lo harán bien”? Otros nos felicitan: “Gracias; el servicio, la comida, todo ha sido excelente”, nos dicen. Y cuando se enteran que somos un Restaurante Escuela se extrañan, pero después te felicitan mucho más.

¿Por qué administración de hoteles y restaurantes?
En realidad, mi intención era estudiar cocina. Yo ya había llevado cursos en otro instituto, pero al llegar aquí vi que era mucho más. Me iban a enseñar administración, bar, más cosas… Y además, porque, a diferencia de cocina -que es solo un certificado- esta carrera te otorga un título.

¿Qué diferencias encuentras entre Fe y Alegría y tu anterior instituto?
En que aquí aprendes haciendo, produciendo, con casos concretos, con clientes reales con quienes practicar. Y mejorar.

Cocina… ¿Y qué dijo la familia? ¿No hubo reparos?
Al principio, mi padre dudaba. Siempre me preguntaba: “¿Pero estás seguro? ¿Eso es lo que quieres estudiar?” “Sí, eso es lo que quiero”, le respondía. Él quería que estudie ingeniería. Pero una vez que entendió que era mi vocación lo aceptó.

¿Nunca dudaste?
Nunca. Yo siempre quise ser cocinero. Se lo decía de niño a mi mamá. Recuerdo que había un programa de televisión que me marcó mucho: ‘La cocina de Don Pedrito’. No me lo perdía.

¿Y crees que algunos eligen esta carrera más por el boom gastronómico que por vocación?
Ocurre. Por ejemplo, en mi carrera empezamos 30 y ahora solo hemos quedado 10. A veces lo dejan por problemas personales, otros porque no tienen la actitud, y otros porque al combinar la práctica con la teoría -atendiendo en el restaurante- sienten que están trabajando gratis.

¿Qué es más importante? ¿Vocación o dinero?
Yo diría ambos. En este rubro debes tener vocación de servicio. Pero no por eso vas a hacerlo de manera gratuita. Yo quería poner un restaurante, pero entendí que siendo solo cocinero es difícil. Tienes que saber cómo administrarlo.

¿Cuál es el plato que más te gusta preparar?
Los saltados. También el ají de gallina. Y el ceviche, obviamente.

¿Y lo preparas aquí?
Como la carta es internacional, los clientes no piden mucha comida criolla. Aunque sí puedo decir que los dos platos más pedidos son el lomo saltado y tallarines a lo Alfredo.

¿Qué diferencias hay entre el Denys que ingresó y el Denys que ya va a la mitad de carrera?
Bueno, cuando yo llegué solo quería ser cocinero: preparar platos y que salgan bien. Ahora que he aprendido sobre costos, administración y la actitud que debo tener, mi visión es otra, más integral: sigo pensando en un restaurante, sí; pero ya sé lo que debo hacer para administrarlo bien.

¿Y cómo crees que te perciben tus compañeros?
(Sonríe) Sé que a veces me toman como el chancón. O el pesado. “Oye, no masques chicle”, “Oye, tu mesa ya se fue hace rato, tienes que limpiarla”, les digo.

Eres el detallista…
Es que yo quiero mejorar. Pero también quiero ayudarlos; quizá se los digo de una manera muy seca y por eso me ven así. Pero en este rubro tienes que ser “fijoso”, como yo digo. Fijarte hasta en los detalles que parecen mínimos. A un cliente no basta con que le des la mejor comida o bebida, tienes que darle una experiencia completa. Si lo haces, se van a fidelizar y van a volver.

Los detalles cuentan…
Claro. Tienes que saber cómo debes pararte, de qué manera abordar al cliente, por qué está esta botella aquí (señala el centro de la mesa)…

¿Por qué está esta botella aquí?
Para lucir el puro de uva que también ofrecemos. Tenemos bebidas, cocteles. Tenemos que dar a conocer lo que producimos.

¿A qué chef admiras?
A Miguel Schiaffino y Gastón Acurio. Y de afuera, a Ferrán Adrià y a Gordon Ramsay, el chef más enojón del mundo. Todos ellos tienen mucha originalidad e iniciativa.

Para ser buen futbolista se necesita talento para patear la pelota. ¿Qué se necesita para ser buen cocinero?
Actitud. Y disposición para seguir aprendiendo.

¿Planeas encontrar un trabajo o quieres emprender?
Quiero formar mi propia empresa, un restaurante. Mientras, con un amigo hemos formado una barra móvil con la que vamos a diversos eventos. Es que con el horario que nos queda (a veces de 7 am. a 10 pm.) se complica encontrar un trabajo.

¿Cómo te ves de aquí a 20 años?
Con mi propio restaurante. También quiero seguir estudiando y viajar al extranjero. Muchos me dicen: “¿Por qué no te vas a Europa? La gente allá valora estas cosas. Y te pagan más”. Hace poco creé un macerado de uña de gato. “Con este coctel, en Europa la haces”, me dijeron.

¿Piensas radicar fuera?
Quizá no quedarme allá, pero sí trabajar, conocer, aprender… y luego volver y poner una empresa en Perú. Empezaría aquí, en Trujillo. Y en Cajamarca.

 


Julio 2016

“Mi misión es formar personas”

 

Entrevista julio

Allan Shijap Duire

Profesor de secundaria
Colegio Fe y Alegría 55 – Yamakaiéntsa, Amazonas

La mirada serena de Allan cambia cuando nos cuenta que en agosto será papá. Se emociona. “Me toca formar a mi hijo. Ya no serán solo mis hijos particulares, como yo les llamo, sino alguien de mi sangre”, nos dice en perfecto castellano este awajún de 33 años, profesor de química en el mismo colegio donde estudió: Valentín Salegui Fe y Alegría 55. Ama su tierra. Y por eso quiere que ofrezca más oportunidades de las que hoy tienen sus jóvenes. 

¿Por qué ser educador?
Porque me gustó. Con mis amigos jugaba a enseñar, y ya en la escuela se me quedó grabado lo que siempre nos decía un profesor: sin maestro no existen profesionales.

¿Qué profesor es?
El profesor Robert. Él enseñaba Ciencias Naturales.

Materia ideal para ustedes que están rodeados de naturaleza…
Claro. En la zona hay muchos recursos naturales, pero no se aprovechan por la falta de técnicos y de equipamiento.

¿No hay muchas posibilidades de surgir?
Nuestros estudiantes salen con muchas posibilidades de integrarse al mercado laboral. Algunos pueden ser mecánicos, carpinteros, técnico en crianza de aves menores, pero el tema económico muchas veces impide que surjan. Y falta formación técnica intermedia. Solo hay un instituto que da las carreras de agropecuaria y enfermería.

Se ven obligados a salir…
Exactamente. Algunos pueden postular a Beca 18, pero otros no tienen esa capacidad, lo que no significa que no tengan otros talentos. Pero por falta de oportunidades se van quedando estancados y cortan ese futuro. Y para un maestro, ver a un alumno destacado, al que se le veía gran futuro, casado muy joven, con familia, estancado, es muy frustrante. Es un fracaso.

¿Y los que sí pueden formarse?
Sí llegan a salir algunos profesionales. Por ejemplo, ingenieros agrónomos, pero son absorbidos por grandes empresas o los gobiernos regionales, con lo cual no regresan y no contribuyen al desarrollo de su comunidad. Nosotros tenemos abogados que han estudiado aquí y ya una vez en Lima se quedan y no retornan.

Es un tema de aspiraciones, también, ¿no?
Sí, pero también de falta de oportunidades. En Yamakaientsa hay cada vez más conciencia de lo que se necesita. El padre envía a su hijo al colegio porque sabe que se les forma laboralmente –es un colegio agropecuario–, en valores, hay disciplina, pero al ser internado cuesta: algunos chicos son muy menores, extrañan, no se acostumbran y terminan retirándose.

¿Hay mucha deserción escolar?
En el colegio se retiran pocos. Pero sí hay chicos que los veo trabajando cuando deberían estar estudiando. A veces el padre no motiva al hijo a estudiar; quieren que su hijo sea como él. El niño quiere salir, pero los padres no lo permiten. Entonces, migran desde pequeños a las ciudades y terminan trabajando en la calle.

¿No será que hay temor a que en la escuela pierdan su identidad?
Nosotros no le quitamos la identidad cultural. Respetamos y revaloramos la cultura.

Lo sabemos, pero ¿lo saben todos ahí?
Muy pocos tienen ese temor. Estamos en otro mundo, de desarrollo, de mucha competencia, y para eso hay que formarse, necesitamos ser ciudadanos del mundo, pero siempre teniendo en cuenta de dónde venimos. Al contrario, con educación podemos multiplicar nuestra cultura.

Ser visibles…
Exactamente. Porque al no haber mucha preparación académica la cultura awajún se va perdiendo: nuestra cultura, artesanía, danza, cantos, no se conocen. Por ejemplo, los libros. Antes solo repetían lo que se les iba transmitiendo, pero hoy, educados, aprendiendo a leer, a escribir, ya pueden escribir textos; sacar a la luz y revalorar su cultura.

¿Cuál es el aporte de Fe y Alegría?
Mantenemos las costumbres, los valores ancestrales, nuestra identidad cultural.

¿Qué los diferencia de otros colegios de la zona?
El tema cultural. En otros colegios solo hay awajún, pero aquí están representados los awajún y los wampis. Vienen chicos de los cinco ríos –Ríos Chiriaco, Marañón, Cenepa, Santiago y Nieva– y eso es una fuerza tremenda. Tenemos la voz de toda esta región. Conocemos su historia, costumbres, mitos… vivimos la esencia. No discriminamos a nadie. Velamos por la educación de todos. El internado además fortalece la hermandad.

¿Qué cambios te gustaría lograr en tus estudiantes?
Que sean muy participativos, estudiantes que vean la necesidad del pueblo y que, reflexionando, se preocupen en investigar y ser mejores para cambiarla. Aquí tenemos a los Apus, que son los líderes; ellos se van organizando, dando propuestas y nosotros contribuimos.

Hablas de preocuparse por el pueblo. ¿Cómo se abordó el tema del derrame de petróleo?
El querer minimizar este grave hecho por parte de las autoridades, y hasta el silencio de nuestras organizaciones locales, han generado mucha indignación. Lo hemos analizado y discutido en clase.

¿Cuál es la mayor lección?
Si nosotros no nos preparamos, esto puede volver a ocurrir. ¿Queremos seguir así? ¿Que nos den un discurso, vernos afectados y quedarnos callados?, les pregunto. Ellos lo han asumido. Si te preparas para el pueblo, vas a defenderlo. Pero si te preparas para el otro, vas a ocultar lo que sabes, lo que te afecta.

¿Cuál es la mayor satisfacción para un maestro?
Formar ciudadanos que te generen problemas, que te cuestionen con sus preguntas. Porque eso nos fortalece. Y verlos crecer, verlos exitosos. Una llamada, un saludo, el entrar a un salón donde ya no enseñas y que te digan: “ese profesor enseñaba bien, era bueno, alegre…” es una emoción muy grande.

¿Valió la pena ser maestro?
Yo creo que sí. El dinero no interesa mucho. Dinero con o sin profesión lo puedo obtener. Mi misión es otra: formar personas.

Te va a tocar formar a otra persona ahora…
(A Allan le brillan los ojos). Así es. Me toca formar a mi hijo. Ya no serán solo mis hijos particulares, como yo les llamo, sino alguien de mi sangre. Es una emoción muy grande.

¿Tus estudiantes son tus hijos?
Yo creo que sí, que un maestro debe considerar a sus alumnos como sus hijos. Es una responsabilidad que tomas con ellos, con sus familias. Nosotros sabemos si está triste, si se enferma, si le falta algo…

Y si no fuese un internado, ¿pensarías igual?
¡Claro! El maestro debe ser un maestro en familia. Debe conocer el caso de cada uno, darle valor, conversar con su familia, saber qué habilidades tiene; si la madre o padre no vienen, ir a buscarlos, conocerlos, saber cómo viven. Tienes que conocer a tus estudiantes.

¿Tú los conoces?
A todos.

 


Junio 2016

“Un abrazo es todo para un hijo”

 

Entrevista PPFF junio

José Luis Suyón Quintana

Padre de familia
Colegio Fe y Alegría 13 – Collique, Comas

“¿Un papá?”, nos preguntan extrañados en la recepción del colegio. Se entiende el desconcierto: la presencia de una mamá es casi normal, pero los padres no vienen mucho. Habrá que esperar. De pronto, nos avisan que llegó uno. De pie, cerca al patio, José Luis nos mira extrañado. “¿Una entrevista?”, pregunta. Poco a poco se irá soltando. Así, nos enteramos que tiene dos hijos en este colegio (Denis y Yadira). Hoy tiene reunión con la maestra de uno de ellos. 

¿Por qué escogiste Fe y Alegría?
Bueno, aquí han estudiado mis hermanos mayores, también mi señora. Siempre tuve buenas referencias del colegio. Y hasta ahora, todo bien. No puedo quejarme.

¿Fue complicado encontrar vacante?
Sí, complicado. Tuve que dormir dos días afuera del colegio.

¿Dos días?
Es que había que separar espacio, sino te ganaban. Había una cola enorme, es que todo el mundo quiere poner a sus hijos aquí. Al tercer día, ya abrieron el colegio y pude matricular a mi hijo.

¿Valió la pena?
Sí, valió la pena. La educación que les dan es muy buena. Mire, yo no estudié en Fe y Alegría; estudié en un colegio estatal, de acá cerca. Y la educación era mala, pues. Entonces lo que les enseñan a mis hijos es novedad: yo nunca lo vi.

¿Quién ayuda a hacer las tareas en casa?
Mi señora. Yo paso casi todo el día trabajando. Hoy he venido porque tuve un rato libre. 

¿En qué momento estás con tus hijos?
Los domingos.

¿Y qué hacen? ¿Cómo pasan juntos ese día?
Vamos a hacer compras juntos, almorzamos, nos ponemos a ver películas. Y conversamos mucho. Les digo que estudien, que sigan una carrera. Yo no tuve la oportunidad por falta de recursos económicos, pero como todo padre quiero que ellos sean mejores que yo.

¿Cuál es la principal preocupación hoy de un padre de familia?
Las malas juntas. Si te descuidas, se meten al vicio, al pandillaje, o andan todo el día con la enamorada, en tonterías, cosas de grandes…

¿Por qué crees que los chicos de hoy actúan así?
Bueno, debe ser porque hay mucha libertad. Demasiada. Los padres tienen que trabajar y ellos se quedan solos, todo el día en la calle…

¿Y cómo sientes que el colegio te ayuda en ese tema?
Bueno, no he tenido la oportunidad de venir, pero mi esposa me cuenta que hay psicólogo. También está la escuela de padres, que ayuda mucho a criar a nuestros hijos: a no pegarles, sino a hablarles. Yo no tenía ni idea de que existía una escuela para padres. Si hubiese habido eso en nuestra época…

¿Qué sería diferente?
Mire, yo me he portado mal. He sido palomilla, a veces anduve con malas juntas… A mí no me dieron disciplina. Mis padres trabajaban, llegaban a la casa en la noche. Con mis hermanos hacíamos lo que queríamos Yo casi me he criado solo: nos vestíamos solos, íbamos solos al colegio, parábamos todo el día en la calle. Yo no quiero que mis hijos pasen lo que yo he pasado.

¿Qué haces para que eso no ocurra?
Converso mucho con ellos, les aconsejo; les digo que estudien. A veces les hablo fuerte, pero es por su bien.

¿Qué crees que les falta a los padres de hoy?
Pasar más tiempo, ser cariñoso con ellos. Un cariño, un abrazo es todo para un hijo.

¿Lo haces? ¿Abrazas a tus hijos?
Sí, yo lo hago. Con mi hijita sí soy más cariñoso, pero con mi hijo como es hombre, no tanto. Lo palmoteo, le hago bromas…

¿Qué quieren ser tus hijos de grandes?
Mi hija quiere ser abogada y mi hijo, marinero. Lo de marinero no me gusta porque yo he servido dos años en el cuartel y no aprendí nada, además que hay mucho maltrato, comes mal… Ojalá cambie, pero si él quiere, qué puedo hacer. Tengo que apoyarlos.

¿Cómo te gustaría ver a tus hijos en 15 años?
Pucha, lo que yo no he sido: que sean profesionales.

¿Y a ti? ¿Cómo te gustaría verte?
Siendo un mejor padre. Antes por mi anterior trabajo no tenía tiempo, pero ahora sí, un poco, y trato de dedicarlo a ellos. Por ejemplo, me gustaría asistir a la escuela de padres. Para probar, ¿no?

¿Es solo un deseo o te lo has fijado como una meta?
Quiero venir. Voy a venir.

 


Mayo 2016

“Los jóvenes necesitamos cariño y amor”

 

ALumno FYA 45

Víctor Raúl Fuentes Ríos

Estudiante de 4º de secundaria
Colegio Fe y Alegría 45 – Paucarpata, Arequipa

Aficionado al básquet y a improvisar canciones, Víctor es de los primeros en llegar al colegio. No le gusta llegar tarde. Tampoco le gusta la situación del país. “Estamos mejorando, pero hay mucho descontento, muchas marchas… y mucha pobreza”, nos dice este muchacho de 14 años. Es de pocas palabras, pero de gran espíritu solidario. Y crítico.

 

¿En clase se conversa sobre la coyuntura nacional?
Sí. En estos momentos hablamos sobre los candidatos, sus planes de gobierno, compartimos nuestras opiniones sobre qué es lo que el país necesita.

¿Qué es lo que más necesita el país?
Un presidente que escuche y que conozca la realidad del Perú.

Y más allá de las personas, ¿qué nos falta como sociedad?
Solidaridad, respeto… Y también, el amor y el cariño que necesitan los jóvenes para poder vivir. Hay muchas personas, familias abandonadas, entonces hay carencias. A esas personas es que se dirige Fe y Alegría.

¿Qué es lo mejor que te ha dado Fe y Alegría?
Fe y Alegría me ha dado amor, respeto, liderazgo ante otras personas. Por ejemplo, se me ha dado la oportunidad de participar en concursos, ferias, representando a la institución.

Nos hablas de liderazgo. ¿Cómo lo ejerces en tu entorno?
Bueno, trato de dar el ejemplo con mis acciones, ayudo al que lo necesita, lo aconsejo, si es necesario. En mi familia, con mis amigos, trato siempre de que se sientan bien, de interesarme por ellos, por lo que están haciendo.

Y en casa, ¿de qué temas conversan?
Aspectos que nos preocupan, temas en los que podemos mejorar, los valores que nos refuerzan en el colegio, cómo ponerlos en práctica en la vida diaria. Y también, ya hablamos de qué es lo que vamos a hacer en el futuro fuera del colegio.

¿Qué es lo mejor que tus padres han hecho por ti?
(Piensa) Matricularme en el colegio Fe y Alegría.

¿Por qué?
Me ha ayudado a ver las cosas de otra manera. Los valores los llevamos siempre, se nota en nuestras conversaciones, reuniones, en casa. Estoy aquí desde Inicial y siempre nos van inculcando el amor, el respeto, la solidaridad… He aprendido lo que es aprender y enseñar con amor; el respeto está presente siempre, en todo momento.

¿Y qué es lo que te gustaría hacer por tus padres?
Hacer que se sientan orgullosos de mí.

¿Cómo?
Estudiando, siendo un buen profesional.

¿Cuál es el mayor problema de tu localidad?
La falta de apoyo, de interés por el estudio. Muchos tienen problemas y terminan abandonando sus estudios.

Nada peor que dejar de estudiar, ¿no?
Bueno, a veces ocurre. Aunque aquí en el colegio, muy poco. Pero sí hay compañeros a quienes no les alcanza el tiempo para asistir o hacer sus tareas; por ejemplo, una compañera tiene que trabajar, entonces trato de apoyarla, dándole consejos, ayudándole con sus tareas.

Describe a tu profesor o profesora favorita
Es comprensivo, enseña con métodos innovadores; también nos prepara no solo como estudiantes, sino como personas, dándonos pautas y consejos para la vida.

¿Quién es?
El profesor Martín. Es nuestro profesor de matemáticas.

¿Te gustan las matemáticas?
Sí, desde siempre. Aunque el profesor nos ha ayudado con su forma de enseñarnos, haciéndolas más entretenidas.

¿Qué vas a hacer cuanto termines el colegio?
Voy a estudiar Ingeniería. Quizá, civil.

¿Piensas venir a Lima o te quedas en Arequipa?
Me quedo aquí. Creo que puedo mejorar más que allá. Además, puedo contribuir al desarrollo de mi región.

¿La frase que más recuerdes de tus padres?
Eres el mejor.

Si tuvieras el poder de cambiar algo, ¿qué harías?
(Piensa) Acabar con la pobreza.

 


Abril 2016

“Nuestros chicos pueden asumir cualquier reto laboral”

 

Jorge FyA 18

Jorge Nunura García

Profesor de Educación para el trabajo
Colegio Fe y Alegría 18 – Sullana, Piura

La calma que Jorge transmite al hablar contrasta con su ajetreada rutina: enseña la especialidad de agricultura de costa, coordina la educación inclusiva, visita hogares de estudiantes, juega fulbito… Con 18 años de docencia (10 de ellos en Fe y Alegría), este esposo y padre de tres hijos asegura que su misión es ayudar a mejorar la vida de los demás. “A través de la enseñanza puedo hacerlo”. 

¿Cómo nace la vocación de maestro?
Desde temprana edad, cuando trabajaba en grupos parroquiales, siempre me gustaba apoyar a los demás, a los jóvenes, niños. Así, me convencí que lo mío era poner un granito de arena para mejorar la vida de los demás y que a través de la enseñanza lo podía hacer.

¿Cuál crees que es tu mayor cualidad como docente?
(Piensa) Creo que es la facilidad para comunicarme con los estudiantes. Este contacto me hace llegar a conocerlos, saber algo de sus problemas, familiarizarme y solidarizarme con ellos.

¿Un docente debe involucrarse con sus vidas? ¿Qué tanto?
Es necesario conocer qué trae el estudiante desde casa. Llegamos tan fríos al aula que quizá no nos damos cuenta cuando un estudiante no atiende, está ausente… Mirando su realidad podemos comprenderlo y ayudarlo, no solo a mejorar su rendimiento académico sino en su desarrollo como persona.

¿Qué necesitan los chicos hoy?
Que los escuchen. Hay que escucharlos porque detrás de una eventual mala actitud siempre hay un problema que viene de casa. Debemos orientarlos, guiarlos… Es bueno que sepan que hay personas que se interesan en ellos.

¿Conoces a tus estudiantes por sus nombres?
Sí. Me costaba, pero ahora hasta por la voz los reconozco.

¿Qué tan importante es?
Mucho. Cuando los chicos entran a la escuela y tú los saludas con un “Hola, Roberto”, “Hola, Juan” “Hola, Lincoln, ¿cómo estás?”, se sienten valorados, reconocidos. Se dan cuenta que no los vemos solo como un número o parte de un grupo. El trato personalizado es muy importante.

¿Y el nombre de sus padres y madres?
De muy pocos. No vienen a la escuela. Eso a veces es el fastidio que tenemos porque hay que llamarlos, ir a buscarlos.

Hay que tocar puertas…
Ese es uno de los retos que tenemos: hacer que los padres asuman un poco más el compromiso con la educación de sus hijos. Este año me ha tocado visitar más las casas de los chicos y ahí uno se va dando cuenta de la realidad, de cómo están pasando su niñez o juventud nuestros chicos. Y es difícil.

¿Cómo puede ayudar la escuela?
La comunicación es muy importante. La escuela es un agente que nunca debe bajar los brazos en su misión de comprometerse con sus estudiantes y con lo que traen detrás, que es su familia. Tenemos que ayudarlos a mejorar su vida y la de su entorno.

¿Fe y Alegría 18 lo está haciendo? ¿Cómo?
Bueno, tenemos exalumnos que han formado sus propias empresas. Hay de todo: de estructuras metálicas, pequeñas granjas, algunos tienen sus parcelas, otros inician con comercio… Con sus conocimientos técnicos están involucrándose con la producción de su comunidad. Y esto permite que el pueblo avance.

¿Cuál es la principal demanda laboral en Sullana?
Esta es una zona principalmente agropecuaria. Hay industrias para exportación de banana orgánica, mango, maracuyá, limón… Ahí se requiere personal. Y pensando en ese mercado es que los estamos formando.

¿Los chicos son conscientes de esta realidad productiva? ¿O se piensa aún en la universidad?
Como en cualquier lugar del país, todavía la familia ejerce presión y los chicos ven a la universidad como única forma de autorrealización. Ir a estudiar a Lima, “tengo que ser un profesional”, es la idea que todavía se tiene. Pero muchos ya son conscientes de la importancia de formarse técnicamente para lograr la inserción laboral y mejorar su calidad de vida.

¿Qué otras opciones hay en tu comunidad?
Hace poco han empezado a ingresar los supermercados. Por eso en la escuela pensamos que la opción ocupacional de ventas al detalle tendría acogida. Y así ha sido. Tenemos 60 estudiantes formándose en este módulo y posiblemente ya desde este año los chicos puedan salir diplomados a nombre de la nación para poder insertarse posteriormente a este nuevo mundo laboral. A nivel local varios complementan sus estudios en Sullana, Piura… Con Beca 18 están aprovechando mucho.

Y seguirán abriéndose más mercados, seguramente…
Claro. Ahora está muy solicitado el mantenimiento básico de casas y edificios. Estamos formando operarios calificados en instalaciones eléctricas, estructuras metálicas y de madera. Nosotros estamos seguros que nuestros chicos salen capacitados para asumir cualquier reto laboral.

¿Cuál es la mayor satisfacción de ser maestro?
La mayor satisfacción es ver a una persona que pasó por tus manos, al que le enseñaste o ayudaste en algo, realizada. Y que después de años se te acerque y te diga gracias. (Los ojos de Jorge brillan de emoción).

¿Regresan muchos?
Sí. Algunos se acercan a consultar, a pedir asesoría para sus emprendimientos, pero la mayoría regresa a agradecer. Eso a uno lo llena de satisfacción. Si estos chicos se acercan es porque hemos puesto un granito de arena en su formación.

El caso que más recuerdas…
Hace un tiempo un joven que en la escuela era considerado como palomilla me dice: “Profe, seguro usted también pensó que en el camino yo me iba a torcer. Pero, mire: aquí estoy, trabajando, tranquilo, tengo mi esposa, mi hija… Yo le agradezco porque a veces me riñó, me dijo las cosas fuertes, como eran; pero mire: me sirvió”.

¿Recuerdas su nombre?
¡Claro! Juan Carlos.

 


Marzo 2016

“No es posible educar niños sin educar a sus padres”

 

entrevista5

Hna. Fanny Gallego López

Directora
Colegio Fe y Alegría 10 – Collique, Comas

Fanny lleva 26 años en el Perú, pero mantiene ese inconfundible y encantador acento de su natal Colombia. Ahí descubrió su vocación de religiosa. Y también de maestra. Fue docente en Medellín, luego en Bolivia y, ya en el país, estuvo doce años en Macarí (Puno) antes de llegar a este colegio, el cual dirige desde 2004. “Lo que más se extraña del aula es el contacto cercano con los niños”, nos dice. 

¿Por qué religiosa?
Bueno, me llamó la atención el estilo de vida de las hermanas: la oración, el silencio, el servir a los otros.

Educar es una manera de servir…
Cuando ingresé a la Congregación (Dominicas de la Presentación) yo no sabía que servía para educar. Fue la Congregación la que vio en mí esa capacidad. Y pues me he sentido muy realizada, como docente, como directora, pues la mejor manera en que se puede ayudar al ser humano es sacándolo de la ignorancia. Porque la ignorancia nos hace esclavos.

Fuiste maestra de aula durante 28 años…
Claro, he sido maestra de religión. Fui maestra en Colombia más o menos, diez años; en Bolivia, cinco. En Perú, de los 26 años que estoy aquí, estuve doce años enseñando en Macarí y de los catorce años que llevo aquí, en Fe y Alegría 10, solo el primer año fui maestra mientras me preparaba para recibir la dirección (desde 2004)  En esos años me di cuenta que se puede hacer muchísimo en el aula.

¿Qué es lo que más extrañas del aula?
El contacto cercano con los alumnos. Cuando uno es directivo está más tiempo en la oficina. Es muy distinto hablarle a todo el colegio que estar todo un año en permanente contacto con los alumnos, conociéndolos, motivándolos. Eso se extraña: el conocimiento de los alumnos es muy cercano cuando se es profesor, el dejarles ideas claras, que, creo yo, es lo que un docente debe buscar siempre.

¿Cuál es la misión de un docente?
Un docente debe lograr que el niño se valore, que levante su autoestima, que sean capaces de solucionar sus problemas. El docente debe ser capaz de transmitirles ganas de ser mejores cada día.

¿Y la misión de un director?
Para mí, acompañar. En primer lugar, al profesorado para cumplir con esa misión que acabo de mencionar. Y luego, orientando a la comunidad para que todo vaya según la identidad, filosofía y criterios de Fe y Alegría y de la Congregación.

¿Qué es lo que más te llamó la atención al llegar a Collique?
Del colegio, la atención permanente a padres de familia y alumnos. El que sean escuchados todo el tiempo, en todo lo que necesiten. De la zona, me llamó mucho la atención la pobreza, pero también la voluntad de la gente por ir saliendo adelante.

¿Cuál es el principal problema en esta zona?
Yo creo que hay mucha niñez y juventud buscando colegios de calidad. Y como muchos no los alcanzan se quedan en la calle, y esto degenera en pandillas, delincuencia, la droga…

¿Cómo contribuye el colegio a cambiar esa realidad?
Formando en valores. A tiempo y a destiempo. No solamente a los estudiantes, sino muy especialmente a los padres de familia. Para el colegio es muy importante el diálogo permanente con los padres; por eso tenemos la Escuela de Padres: traemos especialistas para los temas que ellos mismos piden. Y es que no es posible educar niños sin educar a sus padres.

¿Y cómo van?
Hay un buen grupo que se mantiene motivado, interesado por la educación de sus hijos. Cada vez son más conscientes pues ven que mejoran sus familias. Y al mejorar sus familias mejoran sus hijos; y al mejorar sus hijos mejoran los alumnos.

¿Están los padres más comprometidos que antes?
No tengo un dato exacto de cómo era antes, pero yo creo que el compromiso o se mantiene o ha crecido. Al menos la exigencia del colegio es la misma. Porque es indispensable formar a los padres de familia, en valores, para que los chicos quieran aprender. Un padre que recibe formación, que sabe cómo tratar su hijo de 11, de 15 años, para el colegio ya es un gran logro.

¿La letra con sangre entra?
No, esa idea ha cambiado totalmente. En la escuela ya no se permite y en los hogares hay casos, pero ya pocos. La Escuela de Padres ayuda muchísimo. Se les enseña y entienden cómo hay que negociar con los niños, la importancia de escucharlos, acompañarlos, hacerles sentir que los quieren, que son importantes, que valen mucho.

¿Qué es lo mejor de dirigir un colegio Fe y Alegría?
Poder ayudar a otros. Poner un granito de arena; caminar y trabajar con otros, acompañar y dejarnos acompañar. A ver, no es lo mismo un director de 40 años que un director de la edad que yo tengo. Entonces, lo más valioso de ser directora es poder poner todo ese conocimiento que no me lo ha dado la universidad, sino la experiencia de vida religiosa y de docencia, al servicio de los demás.

¿Y la mayor dificultad?
(Piensa) La mayor dificultad…. Bueno, uno de los trabajos más complicados, más delicados, y no solo en Fe y Alegría, sino para cualquier director, es encontrar el personal docente idóneo para trabajar en esta línea de dar lo mejor de sí mismos. Casi nunca me he equivocado, pero a veces nos equivocamos en proponer personal que no era el indicado y a veces hasta ellos mismos se tienen que ir porque ven que esto no es para ellos.

¿Qué virtudes debe tener un maestro?
Para mí, es la apertura, la sencillez, el deseo de servir, la capacidad de relacionarse, acoger los cambios…

¿Más actitud que aptitud?
Así es. Nosotros busquemos gente con mucha actitud, con ganas de aprender, de servir, que ya el Ministerio se encargará de exigir la aptitud. Eso se puede ir trabajando.

Casi 50 años después. ¿Hay algún cambio concreto en la población que tú puedas atribuir a Fe y Alegría?
Sí, claro. Acá, en 40 años que estamos sacando alumnos la mayoría son profesionales. Hay muchísimos profesionales, muchísimos, que están mejorando a sus familias y por tanto cambiando la zona. La gente se ha superado mucho. También en valores. Claro, queda mucho el tema de violencia, pero eso no quiere decir que no haya gente formada en valores. Pero es que es imposible cambiar todo.

Como religiosa, ¿cuál es tu misión en la vida de estos niños y jóvenes?
Mi misión es transmitirles que Dios los quiere mucho, que quiere que seamos felices, que nos ayudemos. Como religiosas debemos ir iluminando un poquito este caminar humano que, por diversas causas, a veces es muy oscuro. El entregarnos al servicio de los demás es lo más lindo, es lo que le da sentido a nuestra vida.

¿Cuál es el lema o frase que más utilizas?
Tenemos una frase muy linda de Marie Poussepin, mi fundadora. A la gente aquí en el colegio le gusta mucho: “Hay que ser dulces, sin debilidad; firmes, sin dureza”.

¿Y la frase más bonita que algún niño o joven te haya dicho?
(Piensa) Un joven de unos 14 años me dijo una vez: “Hermana, desde que hablé con usted quedé con ganas de ser mejor”.

¿Y sabes si lo está haciendo?
Bueno, aquí cuando los chicos hablan conmigo de verdad que es muy difícil que no cambien. Ellos cambian bastante. Ellos vienen y creen que la hermana solamente los va a reñir. Pero la hermana los hace reflexionar, pensar, tomar conciencia. Y salen convencidos que pueden mejorar, que hay mucha gente a la que ellos pueden ayudar; que, sí, que han perdido mucho tiempo, pero que pueden cambiar, ser mejores.

Nunca es tarde…
No. Nunca es tarde.

 


Diciembre 2015

“Los hijos no piden mucho; solo amor”

 

PPFF FyA 29

Jefferson Jara Silva

Padre de familia
Colegio Fe y Alegría 29 – Ventanilla, Callao

A  los  dos  hijos  de  Jefferson  (Jefferson  y  Diana, ambos  en  Primaria)  les  encanta  su  colegio.  Se  lo dicen siempre aunque quizá no haga falta. Él lo nota. Sentado  en  una  de  las  bancas  del  patio,  este orgulloso padre de familia habla de Fe y Alegría y su familia. Sonríe siempre. Tiene motivos.

 

¿Por qué escogiste Fe y Alegría?
Yo siempre oía de Fe y Alegría, algunos familiares hablaban de la rifa, de la formación que brindaban. Me llamaba la atención, así que nos decidimos. Costó mucho por el tema de vacantes, pero lo logramos.

¿Qué esperas del colegio?
(Piensa) Que les dé a mis hijos todo lo que tiene: educación de calidad, amor; principalmente ese calor humano, esa mística de buen trato y la formación espiritual.

¿Ya notas cambios en tus hijos?
Sí. Son más reflexivos, investigadores, cuestionadores… Pero lo que más me gusta es el sentido de agradecer siempre. Mi hija empezó a acostumbrarnos a agradecerle a Dios por los alimentos. “Ahora vamos a bendecir la comida”, nos decía al  sentarnos a la mesa. Ya se nos quedó como norma.

¿Cuál es el rol del padre en la educación de sus hijos?
Tenemos que acompañarlos. Preguntar, hablar con la profesora, con la directora, involucrarse en los quehaceres de los hijos…

No basta con esperar a la libreta de notas…
No, no alcanza. Hay que estar pendientes, saber qué necesitan, involucrarse en lo que hacen ellos, pero también con el colegio.

¿Qué diferencias encuentras entre tus hijos y los vecinos que estudian en otros colegios?
Es que todo el mundo quiere estar en Fe y Alegría. Mis vecinos, conocidos, los que no han logrado vacantes reconocen la formación que se brinda aquí. Son más seguros, humanos, solidarios, tratan de ayudar.  Pero no solo ellos: todo alumno de Fe y Alegría es diferente.

¿Tú podrías reconocer quién es de Fe y Alegría?
Por supuesto. Tú te das cuenta en su actitud: se sienten más libres de cuestionarte, de emitir su opinión sin temor. Y si alguien necesita apoyo, algún accidente en la calle, ellos van  a acercarse a ayudar. Otros dudarían, pasarían de largo.

¿Qué es lo que te preocupa como padre y cómo sientes que el colegio te ayuda?
En Ventanilla Alta no solo hay violencia, hay tentaciones; pero  el colegio les brinda toda la información veraz, tal cual es. Entonces, eso basta para que ellos estén preparados y sepan decir que no. También ayuda la escuela de padres que nos enseña cómo educarlos, qué hacer, estar preparados: prevenir.

¿Qué es lo que más te ha enseñado la escuela de padres?
El amor. Criar con amor, mejorar la relación con los hijos.

¿A ser más pacientes, también?
(Risas) Uuuuy, en eso sí ha ayudado bastante. Hoy ellos tienen acceso a un mundo  diferente y hay que comprender esta etapa que viven. Nosotros teníamos otra formación. Yo he sido criado de manera vertical, autoritaria…

¿Hoy eso ya no es posible?
Es que ahora ya no se pueden imponer las cosas. Es difícil. Tienes que explicarles por qué, darles razones. Si los vas a castigar te preguntan “por qué”, te cuestionan, pero siempre con respeto, sin alterarse; utilizan la razón.

Terminan enseñándote…
Sí, sin duda. Te hacen pensar.

¿Y qué es lo que más has aprendido de tus hijos?
Uuuy, muchas cosas. Por ejemplo, el compartir, ser afectuoso. A veces mi hijo viene y te da un abrazo: “Papito, estoy contento que tú seas mi papá”. Esas cosas te reconfortan, te transforman para ser mejor y te motivan.

¿Y cómo los castigas? Porque a veces hay que corregirlos…
Claro, pero primero les pido una explicación. Yo les digo: “¿Qué pasó? ¿Está bien lo que has hecho? Tú dime”. Entonces ellos reconocen su falta y después les digo que ellos mismos elijan su castigo. “Ya, papá. Voy a recoger la mesa todos los días, voy a ayudar a mi hermana en su tarea…” “Pero lo vas a cumplir, ¿no?”, les pregunto. Es un compromiso el que asumen. Así manejamos el tema disciplinario en mi familia.

¿Qué crees que les falta a los padres de hoy?
Conocer más a sus hijos. Está faltando diálogo, no se les da tiempo, no aceptamos su capacidad de opinar, y ellos tienen cosas que decirnos.

¿Tú lo has logrado?
Felizmente puedo decir que en mi familia hay mucha comunicación. Sin que les preguntes, mis hijos vienen y te cuentan todo lo que hacen, lo que quieren…

¿Qué quieren tus hijos? ¿Qué esperan de sus padres?
Que los acompañemos, que nos involucremos con su desarrollo. Con eso están felices. Porque a veces los hijos no piden mucho. Lo que más piden es amor.

¿Dios te puso Fe y Alegría en el camino?
Pienso que sí. Yo estoy muy agradecido porque Él se ha manifestado de muchas maneras. Mis hijos son felices. Y me siento satisfecho porque eso es lo que yo buscaba.

 


Noviembre 2015

“Si no haces, no aprendes”

 

Rosemary2

Rossmary Gómez Chichipe

Estudiante de Administración de hoteles y restaurantes
IST Fe y Alegría 75 – San Juan de Miraflores

El olor no deja dudas. Aquí se está preparando arroz con pato. El plateado de las ollas y el blanco de los mandiles y gorros destacan en esta inmensa cocina en la que una docena de personas prepara el almuerzo. Ahí, caminando de un lado a otro, Rossmery da indicaciones, gira, revuelve algo con el cucharón, enseña, aprende… vive.

Tú eres estudiante, pero a la vez enseñas…
(Risas) Es que yo ya tengo un poco de experiencia: tengo una pequeña empresa de catering. Por eso los profesores me dan la confianza. Los chicos me preguntan y yo les voy enseñando.

¿Todo? ¿Aunque luego puedan ser tu competencia?
Siempre estoy dispuesta a compartir lo que sé. No lo sé todo; si alguien también sabe, intercambiamos opiniones, recetas, formas de hacer las cosas. Eso sí, algo hay que guardarse. Uno siempre debe tener su secretito.

¿Por qué una carrera técnica?
Bueno, por mi edad (tiene 40 años) y porque al tener ya mi propio negocio de buffet con esta carrera podía complementar lo que ya he ido avanzando.

¿Fue la edad la que te impulsó a emprender?
No, yo siempre he tenido la idea de hacer algo propio.

¿Por qué esta carrera y por qué en un IST de Fe y Alegría?
Porque está ligada a lo que me gusta: cocina. Yo soy exalumna de Fe y Alegría 24, así que quería seguir ligada a la institución. Y cuando vine al instituto a averiguar lo primero que me llamó la atención fue la cocina. Era inmensa. Me dije ¡aquí es!

¿Has estudiado antes en otro lugar?
Sí, llevé cursos de pastelería.

¿Qué diferencia encuentras con lo que hay aquí?
Muchas. Aquí el taller es inmenso. La infraestructura, el trato, todo… Y las prácticas. Aquí siempre practicamos, como en una empresa, con horas de entrega y todo. Es que si no haces, no aprendes.

¿Qué debe uno priorizar? ¿La vocación o una profesión bien remunerada?
Uno debe sentirse bien con lo que hace. Más que el tema económico, yo elegí esta carrera porque es lo que me gusta.

No todos lo hacen…
Yo creo que deberían. Y en esta carrera, más. Acá desde que empecé me repetían los profesores: “vocación de servicio”. El que no tiene esa vocación en esta carrera no tiene futuro. Es que hay que tener trato. Uno está al servicio del cliente, al menos en esta carrera es así.

¿Qué se necesita hoy para destacar en este rubro?
Innovar. En catering lo que se ofrece es casi lo mismo, así que al cliente tienes que darle novedades; desde el nombre, la presentación, nuevos productos…

¿Qué herramientas te está dando el IST para destacar?
A mí me está ayudando un montón. Yo pensaba que a mi edad iba a ser difícil encontrar un trabajo, pero el año pasado hice prácticas en un hotel. Los profesores, el director se preocupan por ti. Además, siempre me preguntan por algún tema, presupuesto, y yo apoyo; voy enseñando y aprendiendo.

¡Tienes de todo!
(Risas) Bueno, lo que sí falta es el inglés. Tenemos aún pocas horas y en este rubro se exige nivel intermedio.

¿Tus compañeros buscan empleo o emprender?
Son más los que quieren emprender. A diferencia de hace algunos años hoy los jóvenes quieren ser sus propios jefes, tienen ideas, muchas ganas. Y hay más oportunidades.

¿Cómo te ves de aquí a 10 años?
Me gustaría tener un restaurante buffet. Quiero ofrecer comida criolla, pero con fusiones. Tener una marca reconocida, pero no solo destacar en mi zona, sino después llegar a muchos países, una franquicia. Y, claro, darle trabajo a mis compatriotas.

Soñar en grande…
Es que debe ser así. A veces nos conformamos, nos falta visión. Y también me gustaría quedarme en el IST a enseñar. Quiero retribuir, compartir lo que he aprendido.

Un hobby… además de cocinar, por supuesto
Tengo la costumbre de ir a la playa a pescar con mi esposo. Luego lo freímos o hacemos sudado. Él también sabe cocinar… claro, no como yo. (Risas)

 


Octubre 2015

“Los jóvenes debemos vivir y disfrutar nuestra edad”

 

Entrevista Jose

José Casas Pedraza

Alumno de 3º grado de secundaria
Colegio Fe y Alegría 32 – San Juan de Lurigancho

Es mediodía y solo en el patio, bajo la sombra de un pequeño árbol, José escribe algo en su cuaderno. Matemáticas, se lee en el sticker. En otro, en el que va su nombre, está la foto del futbolista francés Franc Ribery. Jazmín, su compañera de aula, llega y se sienta a su lado. Estudian en el turno tarde, pero hoy han llegado temprano.

¿Eres hincha del Bayern?
No. Del Barcelona.

¿Y en Perú?
¡Nooo! Acá no hay buenos equipos. (Risas)

¿Siempre llegas tan temprano?
Casi siempre, para repasar, tener todo listo.

¿Qué es lo que más te gusta de tu colegio?
La calidad de la enseñanza, que no hay en otros colegios. Me encanta que nos exijan para ser mejores personas en el futuro.

¿Y lo que menos te gusta?
Bueno, que a veces nos maltratamos verbalmente. Sé que es normal entre chicos, mientras no llegue al acoso, al bullying.

¿Has visto casos de bullying?
Es muy raro que suceda. Pero cuando ha ocurrido llamamos al auxiliar y al profesor encargado.

¿Quién es tu profesor favorito?
Pablo Llacsa. Es un poco estricto, no nos permite relajarnos, pero es porque quiere lo mejor para nosotros. Nos indica el camino a seguir.

¿Los chicos necesitan profesores estrictos?
Sí, porque muchos alumnos a veces se relajan. También debe ser cercano, pero sin dejar de ser estricto para que no lo paseen.

¿Tienes celular?
Sí.

¿Desde cuándo?
Desde este año.

¿Facebook?
Sí.

¿Te sirve? ¿Qué te brinda el Facebook?
Para buscar información, contactarme con familiares y amigos. Claro que hay otros que lo usan ya en exceso. Todo el día en la computadora. ¡Deja el Facebook, vicioso!, les decimos. Es que no es para estar todo el día, hay que comunicarnos entre nosotros.

¿Nos falta comunicación?
Sí. Nos estamos ocupando de nuestras cosas, y a veces cosas que no son para nuestra edad.

Por ejemplo…
No sé. Hay chicos que antes de los 18 años ya son papás. Por mi barrio conozco algunos casos; también hay otros que toman, fuman…

¿Sientes que los chicos de hoy viven muy a prisa?
Algunos, diría yo. Algunos quieren vivir y hacer cosas de adultos. Pero menos mal que son pocos.

¿Y tú? ¿Qué tan a prisa vas?
Normal. Debemos vivir y disfrutar nuestra edad.

¿Qué quieres ser de grande?
Policía.

¿Por qué quieres ser policía?
En parte por mi tío, que es policía. Siempre me gustó su forma de comportarse, su carácter; él dice que me va a apoyar. Además, siento que es mi vocación. Hay cosas que no deben hacerse, tenemos que corregirlos. Me gusta aconsejar a las personas, hacerles entender la diferencia entre lo correcto y lo que no lo es, que si toman un camino equivocado después les va a ir mal.

Si no fueras policía, ¿qué te gustaría estudiar?
Ingeniería de sistemas. He visitado universidades, conocido carreras y me gusta. Ya trabajando, con mi sueldo de policía, podría pagarme la carrera.

¿Qué nos falta como sociedad?
Ser más responsables y honestos.

¿Cómo te ves de acá a 20 años?
Casado, con mis hijos, trabajando. Y siendo un buen policía.

¿Y cómo quisieras ver a tus compañeros del colegio?
Buenas personas, ciudadanos responsables, que no se hayan metido en cosas malas.

 


Setiembre 2015

“Los maestros a veces debemos ser padres de nuestros estudiantes”

 

Yecenia

Mónica Becerra Quispe

Profesora de 1º grado de Primaria
Colegio Fe y Alegría 25 – San Juan de Lurigancho

Aficionada a la música de Jesús Adrián Romero y ’mamá gallina’. Así se describe Mónica, exalumna y hoy profesora del mismo colegio. “Es mi alma mater”, nos dice esta joven docente que comparte su tiempo entre su familia –su esposo y su hijo de 3 años– y sus estudiantes. Juego y cariño: ése es su lema en el aula.

¿Qué tan importante es el juego en el aprendizaje?
Muy importante. En matemáticas, por ejemplo siempre partimos de un juego, algo vivencial, y no en el aula sino en el patio. Hay diversas estrategias. Por ejemplo, yo uso títeres. También se enganchan mucho con las tablets, vemos dinámicas, canciones. Todo es mediante el juego.

¿Cómo premias a un alumno?
Yo trabajo con un sistema de equipos: los niños van sumando puntos y ganan algún premio simbólico. Pero también estimulándolos, felicitándolos. Siempre les digo: “Muy bien”, “eres un campeón”. Y en las agendas también se los pongo.

Los niños necesitan siempre ese reconocimiento
Por supuesto. Además, yo soy una maestra muy querendona: los llamo ”linda”, “mi amor”. Ellos se sienten muy importantes cuando los felicitas y les dices que lo han hecho bien.

¿Y los padres? ¿Se replica eso en casa?
Mira, hay padres para quienes el trabajo bien hecho de sus hijos no significa nada. Algunos niños carecen de afecto en casa y yo trato de suplir esa falta de cariño en clase, al menos por unas horas. Pero yo converso siempre con los padres para que comprendan la importancia de acompañar a sus hijos.

¿Lo van entendiendo?
Sí. Lo noto y los niños me cuentan: “Miss, mis papás ya no me gritan”, “Miss, mi mamá me está enseñando con más cariño”.

Si un niño está triste, con problemas, ¿lo notas?
Por supuesto. Un maestro debe ser muy observador con sus alumnos. Un niño a esta edad es muy expresivo, no oculta lo que le pasa. Entonces, al conocerlos te das cuenta si cambió su actitud, su forma de comportarse. Y si pasa es por algo. Luego, conversando con los padres, preguntas y te vas enterando.

¿El profesor llega a ser un segundo padre o madre?
Creo que sí. Yo he tenido el caso de un niño del que casi fui su madre. La mamá ni se interesaba en él: venía sin medias, con la ropa sucia, sin cuadernos. Normalmente se diría: “Bueno, pues, no aprende porque la mamá no lo apoya”. Pero no podemos quedarnos tranquilos con eso. Hay que interesarse. A veces es necesario cumplir ese rol de madre.

Siendo tan cariñosa, tus exalumnos no deben olvidarte
Sí, los chicos vienen y me ayudan en la hora de recreo. Algunos me dicen: “Miss, te extraño”. Otros me llegan a decir mamá. Hasta ahora me mandan cartitas, tarjetas… Debe ser porque soy muy querendona. Yo digo que soy la mamá gallina (Risas).

¿Por qué te hiciste maestra?
Yo siempre he sentido que en mí está el educar, el formar; siempre sentía esa vocación de servicio. Y entrar a este colegio fue una gran alegría: es mi alma mater. Algunas de las maestras con las que trabajo han sido mis profesoras y eso para mí es un enorme orgullo.

¿Cuál crees que es tu mayor cualidad como docente?
Soy muy creativa. Me gusta innovar, estar siempre dispuesta al cambio.

¿Y tu mayor defecto?
No sé, de repente el desorden de mi pupitre (Risas).

¿Los niños también enseñan?
Por supuesto. Ellos son muy creativos; siempre me sorprendo de las soluciones que a veces encuentran. Sí  se aprende: de su inocencia, de sus ocurrencias. Si los adultos viésemos las cosas como ellos, su razonamiento, la forma tan simple en que encuentran respuestas y soluciones… Nosotros en cambio nos hacemos un mundo.

No sé si sea exagerado, pero, ¿llegas a acostarte pensando en e problema de algún niño?
Sí, eso ocurre. Hay casos muy tristes. Te contaba lo del niño que no recibía afecto en casa. Yo tengo mi hijito pequeño y como madre me pongo en su lugar y me da pena; me pongo a pensar cómo hacer para ayudarlo. Como yo le digo a mi esposo: “Tú no traes trabajo a casa, pero yo sí”. Es que son personas, trabajo con las emociones y problemas de los niños; es inevitable. Y no solo yo, creo que a todos los docentes les debe pasar.

¿Cómo te gustaría ver a tus niños en 20 años?
¡Uy! Quisiera verlos profesionales, líderes, buenos padres y madres de familia; que sean personas de bien.

¿Y cómo te gustaría verte a ti en 20 años?
Espero que con la misma fortaleza que ahora. Tengo todavía mucho más por aprender y por dar a mis niños.